31 de julio de 2026

1967-1971 Cuatro años de la juventud mexicana.

1967-1971 Cuatro años de la juventud mexicana.

Por Juan Carlos Esparza Ramírez*

Los años sesenta pintaban para la juventud de todo el mundo como la década de su entrada a la historia. Aquella generación veía con esperanza los nuevos movimientos desafiantes: la Revolución Cubana, la resistencia vietnamita y los levantamientos populares y estudiantiles en Praga y París en 1968. En México todo parecía ir bien. Bajo los efectos de la “magia” del Milagro Mexicano, el peso se cotizaba en $12.50 por dólar y el crecimiento sostenido del Producto Interno Bruto era de entre 6 y 7% anual. Parecía, porque detrás de esa idea generalizada de progreso, el régimen del partido tricolor ya venía mostrando su mano dura contra toda forma de disidencia, sean los trabajadores de Pemex, los mineros de Nueva Rosita y los movimientos magisteriales y ferrocarrileros.

En la música, nuevos ritmos procedentes del norte, el Twist y el Rock and Roll, se propagaban entre los jóvenes de todas las clases sociales, con grupos como los Rolling Stones, Led Zeppelin, Janis Joplin o The Doors. Esta emergencia juvenil también se apropió de la cultura de la calle con la creación de nuevos códigos de expresión: “Is barniz”, “Nel pastel”, “qué suave”, “¿qué onda?”, “¿qué ondón?”, “Simón, simonazo”, “me pasa un resto”, “qué gacho, Nacho”; y para los usos y costumbres de los nuevos hábitos de consumo: “andar pachecos”, “andar macizo”, “el pasón”, “el bajón”, “zacatito pa’l conejo”.[1] Esta nueva oralidad fue recogida con maestría en el género de la literatura de La Onda gracias a autores como René Avilés Favila, Gustavo Sainz, Parménides García Saldaña y José Agustín.

En el cine, entre 1967 y 1968, dos películas significaron la última oportunidad que a los jóvenes aquella sociedad mexicana apretada, les dio para ser, precisamente jóvenes. Los “Caifanes” y “5 de chocolate y 1 de fresa”, con guiones de Carlos Fuentes y José Agustín, respectivamente. La primera es, además, la presentación en pantalla grande de Óscar Chávez y cuenta con un cameo de Carlos Monsiváis; la intelectualidad, pues, de la mano con la chaviza.[2] La segunda muestra una fantasía psicodélica y detectivesca que pone en contraste los hipócritas valores de la sociedad mexicana, protagonizada por “La novia de México”, Angélica María.[3] 

Rumbo al 68

Para el historiador Fernand Braudel (1902-1985), ante la suma de acontecimientos de movilización estudiantil y popular en torno al año de 1968, el mundo estaba ante un enorme proceso histórico al que llamó una “Revolución cultural mundial”,[4]  y en México, desde el inicio de su administración, el presidente Gustavo Díaz Ordaz demostró su intolerancia por toda expresión masiva, pues fue el movimiento de médicos del Hospital 20 de Noviembre del ISSSTE, a finales de 1964 y principios de 1965, con el que comenzó a mostrar el puño al ser reprimidos por el Ejército. 

Posteriormente, como una especie de presagio funesto, en un 2 de octubre, pero de 1966, la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, en Morelia, fue atacada por miembros del PRI local, a raíz de una manifestación en protesta contra el alza de la tarifa del transporte público. El saldo fue de un estudiante muerto y la ocupación militar del plantel a petición del Congreso local.

Otro problema que involucró a los jóvenes fue el de la Universidad de Sonora en 1967. Los estudiantes participaron en las protestas ciudadanas contra la imposición del candidato del partido oficial a la gubernatura. Tras los ataques populares a sedes institucionales y casas de funcionarios, el gobernador solicitó la intervención del ejército, que el 17 de mayo tomó las instalaciones universitarias.

Sin embargo, el movimiento estudiantil que atrae toda la atención en México es la masacre de Tlatelolco. 1968 iniciaba con altas esperanzas para un país que se sentía tan lejano a las confrontaciones juveniles ocurridas en el viejo continente, como la Primavera de Praga y el Mayo Francés, también evidenció el principio del fin de la ilusión del llamado Milagro Mexicano (1940-1970). Por desgracia, un simple pleito de preparatorianos en La Ciudadela se cruzó con la retorcida mística de autoridad de Díaz Ordaz, quien demostró que este no era un país para jóvenes. 

El movimiento estudiantil originado por la represión unió a universitarios y politécnicos, además de otros centros educativos públicos y privados, fue aplastado mediante una estrategia siniestra diseñada desde la Secretaría de Gobernación, encabezada por quien sería el próximo presidente, Luis Echeverría Álvarez.

Diez días después, los Juegos Olímpicos se realizaron con absoluta normalidad, con la salvedad de que, en el acto inaugural, Díaz Ordaz fue recibido con abucheos y mentadas de madre por los asistentes al Estadio Olímpico Universitario México 68, como también sucedería en el campeonato mundial de futbol México 70.

Los “Juegos de la Paz” absorbieron la atención y poco a poco el tema del movimiento estudiantil se fue diluyendo. Sólo hasta el informe presidencial de 1969 hubo mención de ello: “Asumo íntegramente la responsabilidad personal, ética, jurídica, política e histórica por las decisiones del gobierno en relación con los sucesos del año pasado”, palabras de Díaz Ordaz como una estrategia política para absolver y allanar el camino a la presidencia de Luis Echeverría.

Raphael y The Doors en México

El 11 de febrero de 1968, como parte del programa de actividades culturales previas a la celebración de los Juegos Olímpicos de México, tuvo lugar uno de los mayores eventos masivos jamás registrados, la presentación del nuevo ídolo de las multitudes de la canción española: Raphael. Aún el Zócalo era un espacio de uso exclusivamente cívico, un escenario particular del Señor Presidente y la Alameda era, entonces, el espacio popular por excelencia. 

Fueron cerca de veinticinco mil personas eufóricas por presenciar el recital del ídolo español, pero Raphael, acompañado por el Mariachi Vargas de Tecalitlán, apenas logró interpretar cuatro temas cuando comenzaron los problemas: decenas de desmayos, niños extraviados y una muchacha llevada al Hospital de Balbuena para su atención médica,[5] por lo que este tipo de eventos quedó en entredicho hasta que entre el 27 y 30 de junio de 1969, se permitió la realización de los conciertos de The Doors en México.

Para 1968, el regente era el general Alfonso Corona del Rosal, cuya participación en la represión del 68 era más que evidente, pero la intención de simular un relajamiento del régimen toleró los conciertos de la banda liderada por el “Rey Lagarto”. El espacio conseguido fue el centro nocturno Forum, propiedad de los hermanos Castro (Gualberto, Benito, “El Güero”), donde, por sus escasas dimensiones, el costo del boleto resultó prohibitivo para los verdaderos fans: 700 pesos, la renta mensual de un departamento. 

Entre los privilegiados asistentes se encontraba de incógnito el mismísimo hijo del Señor Presidente, Alfredo Díaz Ordaz, quien, acompañado por los elementos del Estado Mayor Presidencial, paseó a Jim Morrison, Ray Manzarek, John Densmore y Robby Kriger por La Lagunilla, la Plaza Garibaldi, el Museo de Antropología y Teotihuacan. 

Como banda telonera al concierto de The Doors tocó un grupo que, aunque de nombre muy “fresa”, dejó huella por el fuerte contenido de su primer y único álbum: Pop music team, “Society is a shit”, en el que se incluía el contestatario tema “Tlatelolco”. Por si fuera poco, el guitarrista y cantante era el entonces joven y rebelde Jorge Berry, quien posteriormente sería comentarista de noticias en Televisa, activo en los años 90 y que hoy estaría en el olvido de no ser por sus tuits de odio contra el presidente López Obrador hasta su fallecimiento en 2023.[6]

 

La simulación de la “apertura”

El relevo en la presidencia se produjo sin alteraciones y desde la campaña, Echeverría experimentó una asombrosa metamorfosis, pues sacó lo alegre y dicharachero y se distinguió por un folklorismo explicable solamente por el deseo de construir una imagen que dejara atrás el diazordacismo para ir “arriba y adelante”. Los trajes oscuros fueron reemplazados por las guayaberas y la primera dama, doña Esther Zuno, aparecía en los actos públicos vestida de china poblana.

Echeverría buscó dar a lo que el historiador Daniel Cosío Villegas llamó en 1974 “el estilo personal de gobernar”.[7] En materia de política exterior, parecía dar un giro a la izquierda al mostrar cercanía con Fidel Castro y Salvador Allende, presentarse como paladín del antiimperialismo y, eventualmente, liderar el Movimiento de Países No Alineados. “¡Vivan los países del tercer mundo!”, gritó en las fiestas patrias de 1975.

Toda esa nueva apariencia no sirvió para lavar su sangriento legado ante la juventud mexicana, pues era evidente que “la responsabilidad personal, ética, jurídica, política e histórica por las decisiones del gobierno en relación con los sucesos” de 1968 era una estrategia de despeje para su camino a la presidencia.[8]

A pesar de que Echeverría atrajo a los jóvenes universitarios y politécnicos egresados para ocupar puestos en las distintas dependencias gubernamentales, de acuerdo con la añeja práctica de dar “hueso” a fin de cooptar la disidencia, aún la rebeldía seguía presente en aquella generación: “estoy vendiendo mi fuerza de trabajo, no mi ideología”, decían quienes mantenían sus ideales, llamados “los aperturos”, por ser parte de ese proceso de “apertura” lanzado por el presidente; mientras que los más activos militantes del 68 continuaban presos en el Palacio Negro de Lecumberri, o en el exilio en Chile.

 

El Halconazo 

“El Halconazo” o la matanza del Jueves de Corpus de 1971 fue el primer golpe asestado por el nuevo presidente, Luis Echeverría, a la juventud mexicana que aún creía que existían oportunidades de expresión. Debe su nombre al grupo de choque clandestino creado en 1968, precisamente por él, cuando era el Secretario de Gobernación diazordacista.

Aunque el gobierno mexicano siempre negó su existencia, hay evidencias, tanto por los testimonios periodísticos, fotográficos y de supervivientes de la masacre del 10 de junio de 1971, así como por las confesiones de sus miembros arrestados tiempo después por delitos comunes. 

¿De dónde salieron los Halcones? Desde Gobernación se reclutó a “gente resentida, sujetos que pudieran realizar acciones violentas, incurriendo en el asesinato sin remordimientos, ni cuestionamientos de ninguna especie”.[9] Fueron entrenados militarmente bajo la dirección de la Brigada de Fusileros Paracaidistas, misma que estuvo presente al momento de la represión de 1968, pero también formaron parte de los Halcones soldados expulsados por indisciplina. Se les dio entrenamiento físico, disciplina castrense, manejo de artes marciales y se les pagaba mediante la nómina del Departamento del Distrito Federal, a través del Departamento de Limpia. Originalmente, los Halcones se infiltraban en el movimiento estudiantil para inducir la violencia, el vandalismo y el divisionismo entre las escuelas para que, con ello, el gobierno tuviese la aprobación de la opinión pública para la represión.

Había pasado poco más de dos años desde la masacre y seis meses del gobierno de Echeverría cuando en la Universidad Autónoma de Nuevo León, un conflicto generado por un reglamento que movilizó al estudiantado hasta lograr la aprobación de una nueva Ley Orgánica también llevó a la renuncia del gobernador Eduardo A. Elizondo Lozano. A pesar de que el conflicto se solucionó el 5 de junio, los estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México y el Instituto Politécnico Nacional insistieron en manifestarse en favor de los compañeros de la UANL el día 10 de junio en una marcha que iría del Casco de Santo Tomás al Zócalo. 

Ante ello, el aparato represivo del estado se echó a andar de nuevo. Ese día, apenas a pocos minutos de comenzar la marcha, los Halcones, respaldados por los granaderos, aparecieron y agredieron brutalmente a los estudiantes, primero con varas de bambú y después con armas de fuego de alto calibre. Los heridos fueron llevados al Hospital Rubén Leñero, pero los Halcones llegaron a rematar a los jóvenes aún en el quirófano y a amedrentar al personal médico. Se estima un número de 120 muertos de esta masacre.

Por la noche, Echeverría anunció una investigación que nunca aclaró nada, pues el único afectado políticamente fue el regente del Departamento del Distrito Federal, Alfonso Martínez Domínguez, llamado desde entonces “Don Halconso”, quien renunció el 15 de junio, convencido de que todo lo sucedido había sido orquestado desde el gobierno para deshacerse de él.[10]

Nuevamente, el Estado logró desestimular la protesta social y la organización estudiantil, pero también se propició la radicalización de otros grupos que se organizaron en guerrillas urbanas, que serían perseguidas durante casi toda la década en la llamada Guerra Sucia.

 

Avándaro

Tras dos masacres estudiantiles aún quedaría un último respiro para la juventud mexicana: el Festival Rock y Ruedas de Avándaro. Pese a todo lo sucedido, los chavos aún soñaban y recordaban cómo en Estados Unidos se llevó a cabo en agosto de 1969 el “Woodstock Music & Art Fair”, uno de los mayores hitos para la cultura hippie y el rock jamás realizados.[11] Woodstock serviría de inspiración para realizar en México dos años después una experiencia igualmente liberadora, el “Festival Rock y Ruedas de Avándaro”. “El festival era un símbolo de alegría para una generación herida”, ha señalado Humberto Mussachio.[12]

Entre el 11 y 12 de septiembre de 1971, en aquel poblado cercano a Valle de Bravo, Estado de México, se celebró el mayor concierto de rock en el país. Entre los productores se cuentan los nombres de figuras de la industria del espectáculo masivo, como Justino Compeán Palacios, promotor deportivo y Luis de Llano Macedo.

El evento rebasó todas las expectativas, ya que los cálculos aproximados de asistencia revelan cifras entre los 100 000 y los 500 000 asistentes.​ El concierto, que se celebraría en el marco de una carrera automovilística, contaba, además, con el patrocinio y apoyo técnico de grandes empresas como Coca-Cola, Polydor Records, Telesistema Mexicano, aunque la transmisión en vivo corrió a cargo de Radio Juventud; sin embargo, hasta la fecha, el destino de las grabaciones sigue siendo una incógnita.[13]

La carrera tuvo que ser suspendida debido a la abrumadora cantidad de asistentes, pues no estaban dadas las condiciones físicas y de seguridad para su desarrollo, de manera que la música fue el único motivo de la multitudinaria reunión juvenil. Los grupos participantes fueron Los Dug Dug’s, El Epílogo, La División del Norte, Tequila, Peace and Love, El Ritual, Bandido, Los Yaki, Tinta Blanca, El Amor y Three Souls in my Mind (posteriormente, El Tri).

Aquel ambiente de felicidad y la sensación temporal de libertad duró hasta que el Peace & Love interpretó las canciones “Marihuana” y “We Got the Power”, temas por demás controversiales dados los recientes acontecimientos de represión y abuso del poder por parte del Estado mexicano. El acabóse fueron las alocuciones del cantante del grupo con palabras altisonantes, lo que fue interpretado por las autoridades como un nuevo llamado a la subversión. La transmisión entonces fue cortada y el evento sacado del aire.

Lamentablemente, en un México que se encontraba en el punto más álgido de un extenso catálogo de abusos de poder y represión, fueron los alegatos de figuras políticas, como el eterno líder sindical Fidel Velázquez, quien calificó a Avándaro como “una bacanal” y del senador y presidente de la cámara alta, Enrique Olivares Santana, quien sentenció que no habría más “Avándaros” en la República. 

Así, el gobierno mexicano de Luis Echeverría dio el golpe al último clavo del ataúd de las libertades juveniles en México. Se acabó el rock, no hubo más espacio para la celebración de estos festivales, sino hasta bien entrados los años 80, pues por espacio de tres lustros los jóvenes se acostumbraron al gusto musical impuesto desde la principal televisora, la balada romántica y fue sólo hasta el surgimiento del movimiento “Rock en tu idioma” que, en consonancia con la emergencia del rock español surgido de la liberación juvenil tras el fin de la dictadura franquista, junto con el ascenso del rock argentino con los mismos motivos, nuevos grupos pudieron publicar sus discos.

En suma, fueron los años de 1967 a 1971 aquellos en que es posible ver algo así como una época dorada, lamentablemente apagada tan injusta y tempranamente, en que los deseos de expresión y de acceso a la libertad fueron aplastados.

Tanto Díaz Ordaz como Echeverría fueron, sin duda, dos de los presidentes más despóticos de la historia del siglo XX mexicano, pues bajo sus mandatos, México quedó marcado por abusos de poder de magnitudes no vistas hasta entonces y la juventud debió esperar nuevos aires para encontrar sus cauces de realización.

 

 

 

Referencias bibliográficas

Agustín, José. La contracultura en México: la historia y el significado de los rebeldes sin causa, los jipitecas, los punks y las bandas. México: Debolsillo, 2017. 

Agustín, José. Tragicomedia mexicana. La vida n México de 1940 a 1970. México: Booket México, 2011.

Braudel, Fernand, e Immanuel Wallerstein. La Revolución Cultural Mundial de 1968. México: Ediciones Desde Abajo, 2018.

Cosío Villegas, Daniel. El estilo personal de gobernar. México: Cuadernos de Joaquín Mortiz, 1974.

Sierra i Fabra, Jordi, Historia del Rock, la música que cambió al mundo. Madrid: Siruela, , 2026.

Referencias hemerográficas y de materiales audiovisuales

“A 50 años del ´Halconazo’”, Al Momneto. 10 de junio de 2021, https://almomento.mx/a-48-anos-del-halconazo/ 

Castillo Juárez, Laura Itzel, “Recordando a Heberto.”, La Jornada, 5 de abril de 2002.

https://www.jornada.com.mx/2002/04/05/050a1soc.php?printver=1 

Cronopio, Beto, “Cinco de chocolate y uno de fresa.” Es Lo Cotidiano. 22 de febrero de 2017. http://www.eslocotidiano.com/articulo/tachas-192/chocolate-fresa/20170211161606035003.html 

“Cuando el concierto de Raphael en la Alameda Central mandó a una fan al hospital y otras 70 se desmayaron.” El Universal. Consultado el 1 de julio de 2026. https://www.eluniversal.com.mx/cultura/cuando-el-concierto-de-raphael-en-la-alameda-central-mando-una-fan-al-hospital 

Esparza, Juan Carlos, “A 50 años de la muerte de Jim Morrison. El concierto de The Doors en México (1969)” Podcast. La Isla de Minerva. 27 de junio de 2021, https://laislademinervaonline.com/2021/06/27/t-04-ep-09-a-50-anos-de-la-muerte-de-jim-morrison-el-concierto-de-the-doors-en-mexico-1969/

“Los Caifanes: la película que unió a Oscar Chávez, y Carlos Monsiváis con las grandes figuras del cine mexicano.” Infobae. 22 de mayo de 2021. https://www.infobae.com/america/mexico/2021/05/22/los-caifanes-la-pelicula-que-unio-a-oscar-chavez-y-carlos-monsivais-con-las-grandes-figuras-del-cine-mexicano/ 

“Tenemos el poder, 50 años de Avándaro.” Gaceta de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM. Consultado el 1 de julio de 2026.  https://gaceta.politicas.unam.mx/index.php/tenemos-el-poder-50-anos-de-avandaro/ 

Tlatelolco: Las claves de la masacre. Video de YouTube. Canal 6 de Julio.2002. https://www.youtube.com/watch?v=Vto9uDZja9E 

Valencia, Víctor. “¿Qué onda con ‘La Onda’? Los orígenes de la literatura mexicana libre.” Crea Cuervos. Consultado el 1 de julio de 2026. https://creacuervos.com/que-onda-con-la-onda-literatura-mexicana/ 

 

[1] Víctor Valencia, ¿Qué onda con ‘La Onda’? Los orígenes de la literatura mexicana libre, https://creacuervos.com/que-onda-con-la-onda-literatura-mexicana/ 

[2] Los Caifanes: la película que unió a Oscar Chávez, y Carlos Monsiváis con las grandes figuras del cine mexicano, https://www.infobae.com/america/mexico/2021/05/22/los-caifanes-la-pelicula-que-unio-a-oscar-chavez-y-carlos-monsivais-con-las-grandes-figuras-del-cine-mexicano/

[3] Beto Cronopio, Cinco de chocolate y uno de fresa, http://www.eslocotidiano.com/articulo/tachas-192/chocolate-fresa/20170211161606035003.html

[4] Fernand Braudel, Wallerstein, Immanuel, La Revolución Cultural Mundial de 1968, Ediciones Desde Abajo, México, 2018.

[5] Cuando el concierto de Raphael en la Alameda Central mandó a una fan al hospital y otras 70 se desmayaron, https://www.eluniversal.com.mx/cultura/cuando-el-concierto-de-raphael-en-la-alameda-central-mando-una-fan-al-hospital

[6] Juan Carlos Esparza, “A 50 años de la muerte de Jim Morrison. El concierto de The Doors en México (1969)” Podcast publicado en junio 27, 2021, https://laislademinervaonline.com/2021/06/27/t-04-ep-09-a-50-anos-de-la-muerte-de-jim-morrison-el-concierto-de-the-doors-en-mexico-1969/

[7] Daniel Cosío Villegas, El estilo personal de gobernar, Cuadernos de Joaquín Mortiz, México, 1974.

[8] Tlatelolco: Las claves de la masacre, 2002, La Jornada, Canal 6 de Julio, https://www.youtube.com/watch?v=Vto9uDZja9E

[9] A 50 años del “Halconazo”, 10 de junio de 2021, https://almomento.mx/a-48-anos-del-halconazo/

[10] Laura Itzel Castillo Juárez, Recordando a Heberto, México D.F. Viernes 5 de abril de 2002, https://www.jornada.com.mx/2002/04/05/050a1soc.php?printver=1

[11] Jordi Sierra i Fabra, Historia del Rock, la música que cambió al mundo, Siruela, Madrid, 2026, p.109.

[12] Tenemos el poder, 50 años de Avándaro, https://gaceta.politicas.unam.mx/index.php/tenemos-el-poder-50-anos-de-avandaro/

[13] En varias entrevistas con motivo de los 50 años del concierto, Luis de Llano asegura que el magnate televisivo, Emilio Azcárraga Milmo, fue quien se quedó con ellos.

1967–1971: Cuatro años de la juventud mexicana – Ilustración editorial

Ilustración conceptual de jóvenes universitarios en la Ciudad de México en la década de los 70. Imagen creada con inteligencia artificial mediante OpenAI (ChatGPT + DALL·E) para Revista Criba. Historia y Cultura (2026). Uso exclusivamente ilustrativo.

* Juan Carlos Esparza Ramírez: Maestro en Historia de México por el Instituto Cultural Helénico. Licenciado en Ciencias de la Cultura por la Universidad del Claustro de Sor Juana con Mención honorífica. Diplomado en Estudios Avanzados en Antropología de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca, España. Es docente en la Universidad del Claustro de Sor Juana, en la Universidad Pontificia de México, en Centro Eleia, en el Instituto Cultural Helénico y en Casa Lamm. Coordinador académico en Opus Artis.

Fue el desarrollador en curaduría y museografía del Museo de la Cristiada en Aguascalientes, así como director de este. Realizó trabajos de investigación y servicios educativos en los museos Frida Kahlo y Museo Interactivo de Economía.

Correo electrónico: juancarlos_esparza@yahoo.com

1967-1971 Cuatro años de la juventud mexicana 

Resumen: Los años que van de 1967 a 1971 constituyen un periodo de emergencia de la juventud mexicana como agente histórico y de cambio social, en consonancia con los distintos eventos mundiales que facilitaron este fenómeno. Es, además, un periodo en el cual, el gobierno mexicano, encabezado por Gustavo Díaz Ordaz, primero, y luego por Luis Echeverría, actuó de la manera más dura imaginable contra aquella generación de jóvenes que sólo buscaba sus propias formas y espacios de convivencia y realización, a la vez que manifestar sus legítimas discordancias con el sistema político heredado. Si bien los abusos del poder en México no eran cosa nueva, jamás habían llegado a tales niveles de saña; mientras tanto, aún en medio de las masacres del 2 de octubre de 1968 y del 10 de junio de 1971, hubo productos culturales como películas y conciertos que, aún con su legitimidad y espontaneidad, pueden ser vistos a la luz de la actualidad como las últimas tablas de salvación de aquella juventud asediada por la intolerancia del Estado mexicano. Este ensayo busca dar una cohesión a aquellos acontecimientos y circunscribirlos en un periodo abarcable como la señal de la que quizá fue la época más difícil para ser joven en la historia nacional.

Palabras clave: Juventud mexicana/ Represión estatal/ Movimiento estudiantil/ Cultura/ 1968 mexicano

 

1967–1971 Four years of mexican youth

Abstract: The years from 1967 to 1971 constitute a period of emergence for Mexican youth as historical agents of social change, in line with various global events that facilitated this phenomenon. It is also a period in which the Mexican government, first under Gustavo Díaz Ordaz and then under Luis Echeverría, acted with the hardest imaginable force against that generation of young people who were simply seeking their own forms and spaces for coexistence and self-realization, while also expressing their legitimate disagreements with the inherited political system. Although abuses of power in Mexico were not new, they had never reached such levels of brutality. Meanwhile, even amidst the massacres of October 2, 1968, and June 10, 1971, cultural products such as films and concerts, despite their legitimacy and spontaneity, can still be seen in retrospect as the last lifelines for that generation of young people besieged by the intolerance of the Mexican state. This essay seeks to give cohesion to those events and situate them within a manageable period as a sign of what was perhaps the most difficult time to be young in the nation’s history.

Keywords: Mexican youth/ State repression/ Student movement/ Culture/ 1968 Mexico

Cómo citar este artículo: Esparza, Juan Carlos. “1967-1971 Cuatro años de la juventud mexicana.” Criba. Historia y Cultura, no. 13, jul-sept. 2026, pp. 20-30

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