26 de julio de 2026

Cuba y las complejidades del exilio para las militantes de movimientos armados
Número 13

Cuba y las complejidades del exilio para las militantes de movimientos armados.

Por Alicia Inés Pérez Rodríguez*

El objetivo del presente artículo es analizar las complejidades del exilio en Cuba para los militantes de los movimientos armados en nuestro país a inicios de la década de 1970, especialmente en la experiencia de Lourdes Uranga López, ex militante del Frente Urbano Zapatista. Para ello, lo he dividido en cuatro partes: en primer lugar, abordo la configuración de México en el proceso de la Guerra Fría a inicios de la década de 1970, con su proyección de apertura y modernidad al exterior, mientras que al interior se estructuraba la pax priista con acciones represivas a sectores críticos.

            En segundo lugar, exploro la ambivalencia de México al ser un aliado del gobierno cubano en este contexto, ya que, para los movimientos armados, Cuba era un horizonte de posibilidades y base de textos para las guerrillas, pero con un costo político para los militantes, por la importancia de este país para cuidar su relación exterior con México.

En tercer lugar, enfoco un episodio donde se expresaron estas tensiones, con el canje político que llevó a la liberación de Lourdes Uranga López, militante del Frente Urbano Zapatista, y su hermano en 1973 para llevarlos a la isla. Finalmente, en cuarto lugar profundizo sobre las complejidades del exilio para las y los exmilitantes, especialmente para Lourdes y su encuentro con el feminismo italiano. Cabe señalar que parte de la información para este artículo, especialmente la concerniente al testimonio oral de Lourdes Uranga, formó parte de una investigación hecha para la Maestría en Estudios de la Mujer de la UAM-Xochimilco. 

 

México en el proceso de la Guerra Fría

El papel de nuestro país a lo largo de la Guerra Fría se puede empezar a delinear a partir de su posición geográfica, geopolítica y estratégica, que se configuró dentro del conflicto bipolar y el enfrentamiento multifacético entre el bloque capitalista y el socialista en Latinoamérica, desde finales de la década de 1940 hasta inicios de la última década del siglo XX. Para inicios de la década de 1970, este conflicto había pasado por procesos cruciales en la región, como el reacomodo a partir del triunfo de la Revolución Cubana en 1959, la instauración paulatina de un gobierno socialista en América Latina, la carrera espacial y la crisis de los misiles de la década de 1960.

Otro elemento central de la posición mexicana se trazó por sus decisiones políticas, ambivalentes y contradictorias, entre el discurso y la proyección internacional, y el manejo autoritario de las crisis internas y la represión a sus propios sectores críticos. Así pues, el inicio de la década estaba marcado por una imagen internacional de ser un país moderno, estable económicamente y consolidado para poder albergar eventos mundiales de la talla de las Olimpiadas o el Mundial de futbol; con un partido consolidado, progresista y abierto para negociar y dialogar con otros proyectos como el de Chile y el de Cuba. Atrás quedaba la imagen del México rural, con base en el trabajo del campo y de la dependencia económica de décadas pasadas; el desarrollo sostenido y el Milagro Mexicano se proyectaban al exterior e interior de nuestras fronteras.

Con respecto a la estructura interna de nuestro país, retomo el término de pax priista de los postulados de Aurelia Gómez (Gómez, 2020) el cual se ha utilizado para conjuntar los ejes políticos del Estado posrevolucionario y el Partido Revolucionario Institucional (PRI) en el periodo conocido como el Milagro mexicano (décadas de 1940 a 1970), a la par de la implementación del Estado de Bienestar. Todo esto se materializa en un proyecto de nación edificado bajo la tríada México-Revolución-PRI: la nación mexicana se basa en el proceso revolucionario como una nueva etapa del país y con el partido como agente que materializa el proyecto y Estado posrevolucionario.

La relación de México y Cuba

Otra cara de esta ambivalencia se reflejaba en que México era, al mismo tiempo, un aliado significativo del gobierno cubano derivado de la revolución de 1959 —y que constituyó un referente e inspiración esencial de las guerrillas urbanas mexicanas, como se amplía más adelante—, con lazos estrechos en la parte discursiva y de colaboración económica a lo largo de las décadas con el gobierno revolucionario; no solo fue de los únicos países que no apoyó al embargo económico hacia la isla, sino que reconocía al gobierno de Fidel Castro.

No obstante, este apoyo tenía un costo político con respecto al tratamiento de los militantes y presos políticos mexicanos, ya que el gobierno cubano se abstuvo de respaldar la acción o la preparación de las guerrillas urbanas y de los movimientos armados que existieron en nuestro país entre las décadas de 1960 y 1970; aunque estas hayan visto a Cuba como el horizonte de una sociedad más igualitaria y sus textos fueran sus referentes, el gobierno cubano nunca concibió a México como una dictadura, como un gobierno represor o acogió con el estatus de refugiados políticos a militantes de este país; cuidar la relación con México implicó no cuestionar las decisiones políticas de su aliado continental.

Así pues, para los movimientos armados mexicanos, la Revolución Cubana fue un horizonte de posibilidad por ser el primer gobierno socialista en América y por su gesta guerrillera de derrocamiento de Fulgencio Batista. Igualmente, fue uno de los referentes más señalados en los textos de los propios guerrilleros y en los movimientos de juventud con figuras claramente identificables. También Cuba, en el imaginario rebelde, era la posibilidad tangible de cambiar a un gobierno socialista, de seguir su camino para lograrlo, por ello, el libro Guerra de Guerrillas de Ernesto Guevara era una base de acción para las organizaciones. Asimismo, su figura se relaciona con elementos del caudillismo de izquierda; es decir, que la figura del caudillo se puede imbricar con la exaltación de figuras representativas de la izquierda como Ernesto Guevara, Fidel Castro o Camilo Cienfuegos.

En términos teóricos, el objetivo final e ideal de las acciones guerrilleras urbanas y la razón por la cual emprendieron la lucha armada fue la materialización de la dictadura del proletariado. Parten de un corpus teórico del marxismo y del materialismo dialéctico como pilares, aunque se complejiza con otros referentes textuales y con los choques entre la teoría y la práctica de la vivencia en las guerrillas.

Otro de los referentes para la estrategia de la guerra urbana fueron los textos del brasileño Carlos Marighella, una de las figuras más conocidas en contra del golpe militar de 1964; aunque la Acción Libertadora Nacional se diferenciaba del foquismo cubano al considerar que la guerra urbana será el catalizador de la revolución social y que acompañará a la guerra rural. En sus últimos años de vida, produjo diversos textos teóricos sobre tácticas, operaciones y perspectivas de la guerrilla; especialmente el Mini-manual del guerrillero urbano, de 1969, escrito tan solo unos meses antes de su asesinato, fue una de las obras que formaron parte importante del corpus textual de guerrillas urbanas mexicanas. En sus páginas, explica decididamente las características, estrategias, objetivos, método y acciones necesarias para la guerrilla urbana.

Otro de los textos que se leía era Guerra del pueblo, ejército del pueblo de Nguyen Giap o bien los textos producidos por las propias organizaciones armadas, como las Cuestiones fundamentales sobre el movimiento armado en México, Manifiesto de la Liga Comunista 23 de Septiembre, escrito por Ignacio Salas Obregón y otros miembros de la Liga Comunista 23 de Septiembre, de 1974.

Como señalamos antes, una de las paradojas es que, si bien muchas guerrillas mexicanas veían a la experiencia cubana como una aspiración, esta no apoyó a los movimientos guerrilleros. A pesar de que estos buscaban emularla y esgrimían argumentos parecidos en su actuar, el gobierno cubano no los reconoció ni apoyó debido a la importancia de mantener buenas relaciones con el gobierno mexicano.

El canje político, la experiencia de Lourdes Uranga López

Cabe destacar que se presentaron situaciones tensas sobre las negociaciones de los guerrilleros con el Estado mexicano, pues una condición de algunas organizaciones era que sus presos políticos fueran liberados y llevados a Cuba, como el canje político por el cual Lourdes Uranga López y Francisco Uranga López, militantes del Frente Urbano Zapatista (FUZ) arribaron a la isla en 1973; lugar de llegada de exiliados mexicanos y de otros países.

El Frente Urbano Zapatista fue una organización cuya articulación y acciones se centraron en la Ciudad de México y tuvo una vida breve, de 1970 a 1972. De acuerdo con el testimonio de Lourdes, el contacto inicial para la configuración del FUZ fue con un enlace espartaquista de Monterrey (Uranga, 2012, 96). De acuerdo con Fritz Glockner (Glockner, 2019, 51), el FUZ se configuró a partir de dos comandos: el comando clandestino, que se centraría en la realización de acciones armadas para conseguir dinero, continuar la formación político-militar, despertar la consciencia popular y formar nuevos adeptos. El segundo comando sería el público, que se centraría en la labor organizativa, el reclutamiento, la politización y el acercamiento de la base social con la organización.

Asimismo, fue el primer grupo armado cuyas acciones fueron notorias en la opinión pública, principalmente el secuestro de Julio Hirschfeld Almada, director de Aeropuertos y Servicios Auxiliares, el 27 de septiembre de 1971, por el cual solicitaron 3 millones de pesos, de los cuales una fracción fue repartida en filas de la Conasupo en la colonia Bondojito, al norte de la Ciudad de México. El resto se planeaba repartirlo entre las organizaciones armadas guerrerenses, pero fue incautado por las autoridades tras la detención de los integrantes del FUZ el 29 de enero de 1972, entre ellos, Lourdes y su hermano.

Así pues, Lourdes fue detenida en enero de 1972 y encarcelada entre febrero del mismo año y mayo de 1973; sin embargo, su salida de la cárcel formó parte del canje político establecido por las Fuerzas Revolucionarias Armadas del Pueblo (FRAP) a condición de regresar con vida al cónsul secuestrado Terrance G. Leonhardy; las FRAP mostraron una lista de presos políticos que debían ser liberados y llevados a Cuba como condición para la liberación, ahí estaban los nombres de ambos guerrilleros.

Lourdes Uranga, con respecto a su exilio en Cuba entre 1973 y 1976, señala la diferencia en el trato entre exiliados de varios países de la región y la encrucijada en que ponía a los exmilitantes mexicanos, ya que nunca tuvieron el carácter jurídico de refugiados políticos porque ante los demás países, el gobierno mexicano nunca fue concebido como dictadura: “los exiliados mexicanos no pudimos obtener el estatus de asilados, ni en Cuba ni en Italia ni en Suecia. Resumiendo, en aquella época, ningún país tuvo esa concesión hacia nosotros. Sólo se reconocen los casos internacionalmente juzgados como dictaduras militares o fascistas.” (Uranga, 2012, 123)

La complejidad del exilio

La vivencia del exilio para las ex militantes implicó muchas complejidades imbricadas, ya que pasaron por el proceso de la persecución, detención —en ocasiones por la tortura física y psicológica— y el encarcelamiento. Vivir en un país ajeno, tras un proceso tan doloroso, lleva a resolver cuestiones que van desde la parte económica y de sustento, la incertidumbre de dejar los vínculos familiares y con los compañeros de la organización, la zozobra del regreso al país, cuando ni siquiera hay un reconocimiento del estatus político en el que se encuentran.

Me parece que el exilio es toda una esfera de experiencias que no ha sido muy abordada en las reflexiones e investigaciones sobre los cursos de vida de las militantes armadas, y sobre el que valdría la pena reflexionar un poco más. Otras guerrilleras se fueron por la incertidumbre en este país y para velar su seguridad en contextos represivos; habría que profundizar en cada experiencia, ya que incluso se formaron pequeñas redes entre exiliados mexicanos.

El último punto que quisiera abordar como parte de la experiencia del exilio de Lourdes Uranga fue cuando se asumió como feminista, en Torino, Italia. Aquí fue donde la convivencia y encuentro con feministas italianas fue el punto de inflexión que la llevó a nombrarse feminista: “en mi exilio en Italia fue cuando me puse mi ropa feminista, bueno, mi traje es un decir, pero bueno dije: de hoy en adelante me nombro feminista” (Entrevista hecha en septiembre 2021).

Lourdes en su testimonio escrito explica un tipo de catarsis donde pudo conectar los sentimientos de injusticia en su experiencia vital como parte de la subordinación de la mujer. Antes lo configuraba como algo dado, pero es a partir de esta experiencia que cuestiona su vida anterior, pues marcó un cambio incluso en la propia utopía, por lo que siempre estará agradecida con las feministas:

 

Pensé en las luchas pequeñas, de las que no se habla, en tantas luchas posibles que nos encaminan a una sociedad mejor, dar atención y lugar al cuerpo, al derecho a la satisfacción personal, a ser amada, al reconocimiento. Sabiendo que ello no me impide pensar en el proyecto de nación que tenemos que construir con la izquierda, porque la derecha ya lo tiene construido y operando. Que la toma del poder no decreta el cambio, que el cambio debe ser sentido, necesario por la mayoría de la sociedad e intentado cada día (Uranga, 2012, 148).

 

Este fragmento condensa el cambio que operó el encuentro con las feministas italianas en su reconocimiento de las luchas, aunque nunca señala la vertiente del feminismo que ellas ejercen. La convivencia y sentirse arropada por las compañeras italianas fue también un refugio en la incertidumbre, al punto que lo nombra “mi ghetto italiano” como su lugar seguro dentro del proceso tan difícil que fue su estancia en Europa: “esto lo menciono, para explicar que la discriminación estaba en algún lado, pero siempre y cuando me mantuviera dentro de ese, por cierto, enorme círculo, pues ni lo notaba. (Uranga, 2012, 246)”

En sus palabras retoma las demandas de la segunda ola del feminismo, el reconocimiento de la subordinación y la violencia contra las mujeres, así como la importancia de lo personal como terreno político.

 

 

 

Referencias bibliográficas

 

Castellanos, L. (2008). México Armado 1943-1981. Ediciones Era.

Glockner, F. (2019). Los años heridos. La historia de la guerrilla en México 1968-1985. Planeta.

Glockner, F. (2007). Memoria roja. Historia de la guerrilla en México (1943-1968). Ediciones B.

Gómez, A. (2020). Entre fuegos, memoria y violencia de Estado. Los textos literarios y testimoniales del movimiento armado en México. A Contracorriente/Universidad Estatal de Carolina del Norte.

Oikión, V. (2008). Movimientos armados en México, siglo XX. El Colegio de Michoacán/CIESAS.

Rayas, L. (2009). Armadas, Un análisis de género desde el cuerpo de las mujeres combatientes. Colmex.

Uranga, L. (2012). Comparezco y acuso. Plaza y Valdés/Universidad Autónoma de Chapingo.

Ilustración conceptual de una mujer con equipaje en un puerto del Caribe durante la década de 1970, representando la experiencia del exilio político de militantes mexicanas en el contexto de la Guerra Fría.

Ilustración conceptual del exilio durante la Guerra Fría. Imagen creada con inteligencia artificial mediante OpenAI (ChatGPT + DALL·E) para Revista Criba. Historia y Cultura (2026). Uso exclusivamente ilustrativo.

* Alicia Inés Pérez Rodríguez: Licenciada en Historia por parte de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y egresada de la Maestría en Estudios de la Mujer de la UAM-Xochimilco. Su labor académica se centra en la actualidad en la docencia en Historia a nivel medio superior y en la investigación de la participación de mujeres en los movimientos armados de la segunda mitad del siglo XX en México.

De 2015 a 2018 fue profesora adjunta en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y desde 2019 es profesora de asignatura en la Escuela Nacional Preparatoria de la UNAM, donde ha impartido las asignaturas de Historia Universal III, Historia de México II, Revolución Mexicana e Historia de la Cultura; llevó a cabo el pilotaje de la asignatura “Género y prevención de las violencias” en el ciclo escolar 2023-2024 en la ENP 5. Sus temas de investigación versan sobre el análisis de la trayectoria militante de mujeres en el movimiento armado, así como en la investigación docente sobre la enseñanza de los movimientos sociales contemporáneos y procesos de memoria digna a nivel medio superior.

 Correo electrónico: alicia.perez@enp.unam.mx

Cuba y las complejidades del exilio para las militantes de movimientos armados

 Resumen: el papel de México durante la Guerra Fría estuvo determinado por su posición geopolítica y por la ambivalencia entre su política exterior y su manejo interno. Mientras proyectaba la imagen de un país moderno, estable y abierto al diálogo con gobiernos como Cuba y Chile, al interior mantenía un régimen autoritario que reprimía a los movimientos opositores. Esta contradicción puede entenderse a partir de la noción de pax priista.

En el plano internacional, México sostuvo una relación cercana con la Revolución Cubana: reconoció al gobierno de Fidel Castro y rechazó el embargo económico contra la isla. Sin embargo, Cuba no apoyó a las guerrillas mexicanas para preservar su relación diplomática con nuestro país; pese a ello, la experiencia cubana constituyó un referente y horizonte de posibilidades para las organizaciones armadas.

La trayectoria del Frente Urbano Zapatista (FUZ) ejemplifica esta etapa: entre sus integrantes se encontraba Lourdes Uranga, quien fue detenida en 1972 y posteriormente liberada mediante un canje político que permitió su exilio en Cuba. Aunque vivió como exiliada, nunca obtuvo el reconocimiento jurídico de refugiada política, pues el gobierno mexicano no era considerado una dictadura.

El exilio representó para las exmilitantes un proceso marcado por la persecución, el encarcelamiento y la incertidumbre al reconstruir su vida en otro país. En el caso de Lourdes Uranga, su estancia en Italia transformó profundamente su trayectoria al entrar en contacto con el movimiento feminista.

 

Palabras clave: exilio/ Guerra Fría/ guerrilla urbana/ feminismo

 

Cuba and the Complexities of Exile for Women Militants in Armed Movements

 Abstract: Mexico’s role during the Cold War was determined by its geopolitical position and the ambivalence between its foreign policy and its internal governance. While projecting the image of a modern, stable country open to dialogue with governments such as Cuba and Chile, internally it maintained an authoritarian regime that repressed opposition movements. This contradiction can be understood through the notion of the pax priista.

On the international stage, Mexico maintained a close relationship with the Cuban Revolution: it recognized Fidel Castro’s government and rejected the economic embargo against the island. However, Cuba did not support Mexican guerrillas in order to preserve its diplomatic relationship with our country; despite this, the Cuban experience constituted a reference and a horizon of possibilities for armed organizations.

The trajectory of the Frente Urbano Zapatista (FUZ) exemplifies this stage: among its members was Lourdes Uranga, who was detained in 1972 and subsequently released through a political exchange that allowed her exile in Cuba. Although she lived as an exile, she never obtained legal recognition as a political refugee, since the Mexican government was not considered a dictatorship.

Exile represented a process marked by persecution, imprisonment, and uncertainty for former militants as they rebuilt their lives in another country. In the case of Lourdes Uranga, her stay in Italy profoundly transformed her trajectory upon coming into contact with the feminist movement.

 

Key words: exile/ Cold War/ Urban guerrilla/ Feminism

 

Cómo citar este artículo: Pérez, Alicia. “Cuba y las complejidades de exilio para las militantes de movimientos armados.” Criba. Historia y Cultura, no. 13, jul-sept. 2026, pp. 43- 51.

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