Derecha mexicana y Guerra Híbrida: el caso Ricardo Salinas Pliego.
Por Alejandro Karin Pedraza Ramos*
Breve categorización de la derecha en México
En últimas fechas hablar de las derechas se ha vuelto una tendencia que está claramente justificada. En este texto, reflexionamos sobre el resurgimiento y reconfiguración de la derecha en nuestro país, la manera en la que se relaciona con la tendencia global y sus estrategias discursivas enfocadas, al menos por ahora, en modificar la cultura política de nuestro país en su eventual lucha por el poder; todo ello dentro de un contexto de guerra híbrida promovido por EE. UU. en la disputa por la hegemonía global.
Para empezar, es necesario hacer un par de apuntes respecto a lo que entendemos por derecha, aunque sin entrar en mucha problematización, ya que la discusión excede los alcances y propósitos de este texto. Siguiendo a Ernesto Bohaslavsky (2023) en su “Historia Mínima. Las derechas latinoamericanas”, hay que advertir que históricamente la derecha siempre se ha intentado identificar con lo correcto, la defensa del orden social, mientras que la izquierda, sería lo siniestro, lo erróneo, promotora de la revolución, el caos y la anarquía, pero sobre todo contraria al status quo. Desde una visión próxima al marxismo, las derechas son la voz, demandas e intereses, de la clase dominante. Esta primera aproximación, complementada con la ya clásica distinción planteada por Norberto Bobbio, supondría que la derecha tolera y/o alienta la desigualdad entre las personas, promoviendo la necesidad de las jerarquías sociales; mientras que la izquierda asume la igualdad como valor y promueve una idea en la que el estado debe actuar activamente en la reducción de las desigualdades. Por ello, en América Latina, debemos “entender a las derechas como organizaciones específicamente políticas que defienden de manera activa las formas desiguales de distribuir bienes, oportunidades y reconocimiento entre las clases sociales, pero también entre varones y mujeres y entre generaciones” (2023: 20). Esta definición nos sirve de punto de partida, pues permite advertir que, a pesar de las diferencias (históricas, territoriales y matices ideológicos), las derechas son movimientos políticos, sociales y culturales anti-derechos.
Otra característica inherente al fenómeno político es que derecha e izquierda son conceptos polisémicos, relacionales y performativos. Es decir, la variedad de derechas, muchas de las veces se definen en función de su opuesto, son los opositores (en este caso la izquierda) quienes definen qué es de derecha y viceversa. En el caso de México, la diada derecha vs izquierda no es importación de la revolución francesa. El siglo XIX fue una época caracterizada por la oposición entre liberales y conservadores, dos proyectos políticos encaminados a definir el rumbo, la forma de gobierno y la identidad política mexicana tras el proceso de independencia. Los primeros, promotores del orden constitucional, los derechos civiles y políticos individuales, el orden republicano y la separación entre estado e iglesia; por su parte, los conservadores eran defensores del hispanismo, el orden jerárquico virreinal y defendían el valor político y educativo de la iglesia como guía moral de la sociedad.
La oposición derecha vs izquierda realmente se impone en el debate público hasta el siglo XX, después de la revolución rusa, mediante uno de los ejes articuladores más importantes del proyecto derechista en México y América Latina: el combate contra el comunismo. Además, para hacer más compleja la historia, buena parte de los proyectos de derecha no siempre se asumen como tales (por ejemplo, el sinarquismo afirmaba: “ni facho ni populacho” ni de derecha ni de izquierda), defendiendo una “tercera posición” auténticamente mexicana y ciudadana. Es hasta años recientes, que determinados actores se reconocen abiertamente como de derecha y disputan un “auténtico proyecto de derechas”.
Los proyectos de derecha no son algo nuevo en el mundo, son una realidad que nunca ha desaparecido e incluso no siempre han perdido su protagonismo. De acuerdo con Cas Mudde (2021), lo que caracteriza al periodo actual es que la derecha se ha desmarginalizado. Los movimientos de derecha, en las primeras décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial se podrían encuadrar principalmente en la categoría de “<<neofacismo>>, pero el término cambió a <<extrema derecha>> en los años ochenta, a <<derecha radical>> en los noventa, a un cierto tipo de <<populismo de derecha>> en la primera década del siglo XXI, y también a <<ultraderecha>> en los últimos años” (Mudde, 2021: 23). Los cambios terminológicos, si bien en su mayoría son de carácter académico, también reflejan cambios en el programa e ideología de las derechas. En general, las derechas considerarían que las desigualdades son naturales y positivas. La ultraderecha y la derecha radical son proyectos políticos que ahora se presentan como revolucionarios, disruptivos, radicales o antisistema. Por su parte, la extrema derecha sería más “revolucionaria”, mientras que la derecha radical tendería al reformismo; “en esencia, la derecha radical confía en el poder del pueblo y la extrema derecha no” (Mudde, 2021: 25). La derecha radical acepta el principio democrático, se opone a los derechos de las minorías, al Estado de derecho y a la separación de poderes; de ahí que incluso pueda ser populista y se aproveche del ideario “pueblo bueno contra élite corrupta” para posicionarse como representante de la voluntad (y sentimiento) general. Ariel Goldstein cataloga a las derechas en América Latina en cuatro olas:
Una primera ola se produjo entre 1920 y 1950 y coincidió con el auge de los fascismos europeos que despertaron admiración en la región. Una segunda ola se produjo durante la década de 1960. Luego de la Revolución Cubana, el reinado de la Guerra Fría y la hipótesis del enemigo interno y la Doctrina de Seguridad Nacional poblaron la región de dictaduras hasta fines de la década de los 80. La tercera ola se produjo con los “populismos de derecha” de Fujimori, Menem y Collor de Mello en el contexto de la caída del Muro de Berlín y las reformas estructurales del Consenso de Washington. Finalmente, la cuarta ola es la actual, que incluye las conexiones globales de la derecha radical y el papel que desempeñan las redes sociales en su expansión. (Goldstein, 2024: 12).
El corpus doctrinario del conservadurismo (dios, patria y familia) es cambiante y se ajusta histórica y contextualmente (agregando ahora “libertad”), en la medida en que se opone a un algo concreto. Para Natalia Strobl, “El conservadurismo radicalizado es una contra-ideología anti-igualitarista, anti-revolucionaria y fundada en la armonía de las clases cuyos valores más altos son el orden y la propiedad” (Strobl: 14), que además busca asegurar las relaciones de propiedad existentes. En México ha prevalecido una tendencia conservadora, alimentada fuertemente por el ideario anticomunista, a la que recientemente se ha sumado el culto a la personalidad (característica pronto fascista) del líder carismático, disidente (outsider) y capaz de hacer los cambios que los políticos tradicionales no se atreven. Por último, pero no menos importante, es fundamental distinguir entre la derecha partidista, la que se conforma como movimiento social y la que actúa a nivel cultural.
A nivel cultural, encontramos los imaginarios sociales, la manera en la cual se representa y promueve la relación entre las diversas formas de ser humano y el lugar social que les otorgamos, la derecha promueve imágenes estereotipadas del otro, mediante marcos simbólicos machistas, raciales, xenófobos, representa a la otredad como inferior y carente de derechos. Por supuesto, los marcos simbólicos están detrás de todo movimiento social y político, pues son su condición de posibilidad, pero una representación cultural del otro (como el racismo) no siempre organiza y moviliza a la sociedad para modificar las estructuras sociales y las relaciones de poder entre los grupos sociales, en menos caso lo hace a través de estructuras institucionalizadas como los partidos políticos que disputan el poder estatal.
En ese sentido, aunque en México hay una amplia tradición de movimientos de derecha (cristeros, movimientos pro-vida, neonazis, sinarquistas, etc.), con una cultura política conservadora, religiosa, hipernacionalista, racializante y machista (promotora de la manósfera) pocos de ellos se han conformado realmente como partidos políticos. El Partido Acción Nacional (PAN) es la concreción de un movimiento político, cultural y social de ideario conservador, que fue fundado en 1939 y desde su origen se ha promovido como la principal fuerza partidista opositora a los gobiernos mexicanos, siendo el primer partido en romper el monopolio del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó durante más de 70 años, para gobernar la nación entre 2000 y 2012. Aunque, a los ojos de la nueva derecha mexicana, el PAN aparece como un movimiento conservador demasiado moderado y afianzado en el status quo. Tampoco no hay que olvidar cierto pragmatismo lingüístico de uso cotidiano que califican de “ultra”, “extrema” o “radical” a los términos derecha e izquierda, para remarcar los “excesos” de determinados marcos ideológicos y con el objetivo de desmarcarse del opuesto al que se le denomina de una u otra manera.
Guerra Híbrida e internacionalismo de derecha
Actualmente nos encontramos en una fase de globalización de los conflictos bélicos, que bien podríamos llamar Tercera Guerra Mundial, como parecen confirmarlo la guerra Rusia-Ucrania, el genocidio sionista contra el pueblo palestino, el conflicto Irán- Israel/EE.UU., pero, sobre todo la renovada fase imperialista de los EE.UU. y su retórica belicista anti China, anti Rusia, anti BRICS, anti Cuba, Venezuela, México, Colombia y anti todo aquello que afecte a los intereses geopolíticos, estratégicos, económicos y hegemónicos de los Estados Unidos. Más allá de que podríamos pensar que el imperio yankee se encuentra en decadencia y está luchando por reconfigurar su hegemonía en el actual mundo multipolar, lo cierto es que el imperialismo estadounidense desde hace décadas ha construido estrategias encaminadas a lograr sus objetivos geopolíticos y económicos con todos los medios posibles, que no siempre tienen por primera opción el enfrentamiento militar de las guerras convencionales.
Después del fracaso en la guerra de Vietnam y dada la correlación de fuerzas mundiales del momento, en los años 70 el ejército estadounidense modifica sus postulados estratégicos y los adecua a dos nuevos paradigmas: el despliegue rápido y la guerra de baja intensidad. Este eje estratégico denominado guerra de baja intensidad (GBI), de entrada, es una actualización del concepto de guerra de contrainsurgencia usada para combatir la “amenaza comunista”. En el nuevo modelo la contrainsurgencia se aplicaría a casos más específicos y concretos, como el combate a las guerrillas comunistas en América Latina, en el marco de una estrategia de GBI global más flexible, cuyo eje estratégico es la respuesta graduada (tanto si la guerra es convencional o no), capaz de adecuar sus métodos rápidamente dependiendo de las circunstancias a fin de mantener la capacidad operativa (flexibilidad, movilidad y maniobrabilidad) de la fuerza militar. De acuerdo con Marta Patricia López Astriani, la GBI es un recurso “para el uso limitado de la fuerza o la amenaza de su uso, para conseguir objetivos políticos sin el involucramiento pleno de recursos y voluntad que caracteriza las guerras de Estado-nación de supervivencia y conquista. […] La GBI puede incluir diplomacia coercitiva, funciones policiacas, operaciones psicológicas, insurgencia, guerra de guerrillas, actividades contraterroristas y despliegues militares-paramilitares con objetivos limitados” (López, 1996: 26).
En los últimos años los vertiginosos cambios tecnológicos y geopolíticos han modificado la forma de hacer política y de “hacer” la guerra, exigiendo la actualización de la GBI y la guerra contra insurgente, dando lugar a la llamada Guerra Híbrida (Guerra sin restricciones según la doctrina China). De acuerdo con Camilo Amado Asenjo (2022), las guerras actuales se caracterizan por “la intervención no solamente militar sino también informacional y comunicacional, es decir, híbrida, con, principalmente, uso inteligente y rápido de tecnologías para influenciar las mentes y corazones de las audiencias del ámbito internacional y nacional del enemigo”. Sin desechar los recursos y estrategias convencionales de la guerra, con la guerra híbrida se trata de potenciar la guerra irregular y asimétrica, aprovechando todos los recursos a la mano (actos terroristas, proxies, guerrillas, redes criminales, contratistas, etc.), sobre todo tecnológicos (drones, propaganda de ocultación y engaño, ciberataques, noticias falsas, redes sociales, etc.), para hacer frente a las vulnerabilidades de las fuerzas regulares. Y está caracterizada por:
- a) empleo de armamento y material tecnológicamente avanzado procedente tanto de los arsenales militares de un país como del mercado civil; b) propaganda e información on linepara difundir su mensaje, generar narrativas que apoyen sus fines y erosionar las opiniones públicas de sus oponentes; c) la organización flexible, adaptable y articulada en red; d) la indefinición normativa y desprecio a los usos y costumbres de la guerra tradicionalmente aceptados por la comunidad internacional; y e) combinación de los medios que están a su disposición para infligir el máximo daño físico y psicológico a su adversario (Amado, 2022).
Para lograr sus objetivos, es necesario erosionar la confianza de la ciudadanía en las instituciones, generar desconfianza en el sistema político, socavar la cohesión social y el modelo de sociedad y convencer al público de la decadencia política del estado contra el cual se pone en marcha la pugna. A todo lo anterior hay que agregar que el gobierno de Donald Trump ha declarado al departamento de defensa como “departamento de guerra” y ha actualizado la estrategia global para América Latina en dos rubros: la “Paz a través de la fuerza” y la actualización de la Doctrina Monroe “América primero” (doctrina Donroe); desechando -por considerarlo irreal- el paradigma del “orden internacional basado en reglas” donde el Sistema Internacional de Derechos Humanos ocupaba un lugar central. Además de incentivar golpes de estado blando mediante estrategias de Lawfare y financiar movimientos sociales y políticos de derecha alineados a los ejes estratégicos trumpistas que se declaran activos combatientes de la “Batalla cultural” contra la izquierda (comunistas, narcogobiernos, zurdos, wokes, etc.).
En su Estrategia Nacional de Defensa (END) para 2026, el gobierno de Donald Trump declara al hemisferio occidental, particularmente al continente americano, como área de interés estratégico prioritario. En la END se establece que EE. UU. no evitará los conflictos, sino que estos se gestionarán bajo condiciones de simultaneidad, presión estructural y riesgo de escalada, desde un enfoque colaborativo, condicionado y explícitamente jerarquizado. Esta estrategia tiene por objetivo defender los “intereses comunes” de la región, en particular lo que tiene que ver con la migración irregular y el “narco-terrorismo”. En relación con este último punto, los términos “narcopresidente”, “narcogobierno”, narcocomunismo”, “narcodictadura”, entre otros, tienen por objetivo construir una narrativa conspiranoide que vincula lo no indeseable para EE. UU. con lo dañino del crimen organizado que lacera profundamente nuestra región. La END declara que el gobierno trumpista estará dispuesto a hacer lo que sea necesario, con “rapidez, potencia y precisión” para hacer valer los intereses norteamericanos, citando la Operación Resolución Absoluta que derivo en el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro.
Como se sabe, el secuestro del presidente venezolano fue acompañado de acciones contra-insurgentes, financiamiento a políticos opositores al régimen, estrategias de Lawfare contra el liderazgo chavista, bloqueo naval-militar del país y guerra congnitiva. Actualmente Maduro se encuentra sometido a juicio en un tribunal de Nueva York, acusado de delitos relacionados con posesión de armas, conspiración para introducir cocaína a Estados Unidos y conspiración para el narcoterrorismo. Esta última acusación es central, pues la acusación de narcoterrorismo, o en general de vínculos con el narcotráfico, se ha vuelto una herramienta discursiva y legal central de las derechas americanas, para desprestigiar y combatir a todo actor o gobierno de izquierda. En lo que respecta a Maduro, el mismo tribunal neoyorkino ha desestimado la veracidad de la acusación que lo vincula a la dirigencia del llamado “Cártel de los Soles”, acusación que fue eje central de la intervención contra Venezuela y secuestro del presidente.
Salinas Pliego: la rebeldía conservadora, racista, misógina y clasista
Además de los fenómenos globales, como la configuración multipolar del mundo, el sentimiento distópico y de incertidumbre post COVID y la recapitalización de movimientos raciales y machistas, el auge y reconfiguración de la derecha en México en los últimos años tiene que ver sobre todo con tres cosas: 1. La llegada de Andrés Manuel López Obrador y su proyecto de Cuarta Transformación, actualmente continuado por la presidenta Claudia Sheinbaum, a quienes acusan de narco gobiernos -y- comunistas; 2. Un intento de las élites (y oportunistas políticos) de alinearse con las estrategias geopolíticas imperialistas impulsadas por Donal Trump, para compartir la “grandeza americana” en lucha por mantener su hegemonía global. 3. Al considerar que los partidos de derecha tradicionales, en especial el Partido Acción Nacional, están alineados con el progresismo y se han vuelto funcionales a la supuesta “izquierda comunista” latinoamericana.
“Yo, ultraderecha: Vida, propiedad y libertad”, postula abiertamente Ricardo Salinas Pliego. Por supuesto, el proyecto de derecha encabezado por Salinas Pliego no es el único en México[1], pero si el más relevante dada la fuerza que ha ido tomando en los últimos meses, resultado del poder (económico y) mediático ostentado por el personaje y por su alineación clara y abierta al eje de acción de la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC). La CPAC es una asociación estadounidense fundada en 1974 por Ronald Regan y es actualmente la asociación más influyente del movimiento conservador, en el que coinciden republicanos trumpistas y ha servido como núcleo ideológico aglutinador de las derechas latinoamericanas representadas por Javier Milei (Argentina), Nayib Bukele (El Salvador), Jair Bolsonaro y Eduardo Bolsonaro (Brasil), José Antonio Kast (Chile) y Eduardo Verástegui y Ricardo Salinas Pliego (México). El dato no es menor ya que el objetivo de la CPAC es definir el rumbo político de la región, unificar agendas, ofrecer capacitación en campañas políticas y construir redes entre figuras prominentes de la ultraderecha. Es decir, como herramienta dentro de la guerra híbrida yankee por mantener su dominio en la región.
Recientemente, el 15 de junio de 2026, el medio noticioso Sin Embargo publicó una nota del periodista Álvaro Delgado Gómez, titulada “La CIA educa a la extrema derecha mexicana desde los 1970. De allí vienen los Salinas”, que mediante documentos desclasificados muestra el papel de diversos empresarios y políticos mexicanos, entre los que destaca Hugo Salinas Price (padre de Ricardo Salinas Pliego) en el combate “a la izquierda mediante la violencia, el espionaje y la difamación, en una tarea unificada de cuerpos represivos del Estado, grupos de choque estudiantiles, organizaciones secretas y medios de comunicación”, como parte de una estrategia contra-insurgente encabezada por la CIA. De acuerdo con Delgado, buena parte de la estrategia tuvo como eje articulador al grupo anticomunista mexicano independiente llamado Instituto de Investigaciones Sociales y Económicas:
El (IIES) fue fundado en 1953 por un grupo de empresarios mexicanos para difundir los principios de la iniciativa privada libre. Desde ese entonces estableció numerosos contactos y relaciones de influencia, y se ha involucrado en diversas actividades anticomunistas y otras. Organizó reuniones y varios tipos de congresos donde puso al centro los peligros del comunismo; publicó libros, panfletos y folletos sobre el comunismo, así como los peligros del socialismo económico. Organizó un grupo estudiantil (MURO), estableció y mantuvo contactos en los campos universitarios, económicos y de negocios en América Latina; impulsó considerablemente la colocación en la prensa de temas vinculados con la iniciativa privada y la amenaza comunista, y acumuló un archivo de datos básicos sobre eventos e individuos vinculados al comunismo y el socialismo que sería difícil de igualar por cualquier otro grupo privado en México.
Lo relevante de la investigación es que revela los nexos entre la familia Salinas y la articulación de grupos de choque de derecha. Estas agrupaciones violentas actuaron contra la izquierda universitaria a través de organizaciones como el Movimiento Universitario de Renovadora Orientación (MURO). Dicho movimiento estaba controlado por las sociedades secretas de corte fascista Los Tecos y El Yunque, y contaba con la participación directa de la Dirección Federal de Seguridad (DFS). De igual modo, a nivel partidista se intentó ‘unificar la derecha’ con grupos políticos conservadores, mediante un programa construido entre el Partido Nacionalista Mexicano (PNM), la Unión Nacional Sinarquista (UNS) y el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM), sin embargo, nunca lograron convencer al Partido Acción Nacional de unirse a la batalla.
Ricardo Salinas Pliego heredó el imperio de mueblerías construido por su padre y lo convirtió en las actuales tiendas Elektra, multiplicando sus empresas y riqueza en el periodo de desmantelamiento y privatización de instituciones del Estado llevado a cabo en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, el más neoliberal de México. En dicho periodo es que se hace de TV Azteca, la segunda televisora más importante del país, y Banco Azteca, el principal beneficiario del sistema de Afores, resultado de la privatización del sistema de pensiones mexicano. La relación de Salinas Pliego con los gobiernos en México fue orgánica y fue el banco más beneficiado en los primeros años del gobierno de López Obrador al ser usado por el gobierno federal para dispersar sus programas sociales, por lo que no había necesidad de oponerse a la izquierda, aunque esta estuviese en el poder.
Sin embargo, la relación se deterioró cuando con la creación del Banco del Bienestar se le retiró la administración de dichos fondos, pero, sobre todo, porque recientemente los tribunales federales decidieron obligar al empresario a pagar una deuda en impuestos valuada en 51 mil millones de pesos. Y aunque la deuda es el acumulado de muchos años de incumplimientos fiscales, es en el gobierno actual que los juicios impulsados por el empresario para evadir su carga fiscal se resolvieron, dicha decisión ha servido de ariete para combatir al gobierno de Claudia Sheinbaum, al que acusa de “narcocomunista”. Es decir, hacerle pagar impuestos, es visto por el empresario como despojo comunista y le anima a luchar contra el gobierno con la intención incluso de disputar la presidencia en las elecciones de 2030. En este esfuerzo es que, en los festejos de la independencia de México, el 16 de septiembre de 2026, lanzó su “Movimiento anticrimen y anticorrupción” (MAAC), con el ideario: “no robar, no matar, no mentir, en contra de la corrupción”. Si bien en dicho lanzamiento no declaró expresamente su voluntad de lanzar su candidatura a la presidencia en 2030, dejó abierta la posibilidad de hacerlo o de impulsar a algún otro candidato alineado a su ideario y batalla cultural, como Lili Téllez o Eduardo Verástegui. Este último, con quien comparte la representación de México en la CPAC y que no logró juntar las firmas mínimas necesarias para registrar su candidatura en 2024.
Fue justo en 2024, después de participar en la CPAC en Argentina como orador, que Ricardo Salinas Pliego se alía con Javier Negre, dueño de “La derecha Diario”, para dar la “batalla cultural” en México. Javier Negre es un empresario que comenzó su carrera como periodista en el Diario el Globo en España, del cual fue despedido por inventar entrevistas, tras lo cual crea el conglomerado de medios Right News Media. El papel de Javier Negre no es menor en la ecuación. En 2024, tras un intercambio en redes con Javier Milei, viaja a Argentina, para adquirir el 50% del portal Derecha Diario, que en 2025 tras lanzar su versión en inglés, logró obtener el respaldo e impulso de los coordinadores de la estrategia de medios de Trump, para promover el conservadurismo hispano. Actualmente el portal está disponible en español, inglés y hebreo y cuenta con presencia en Uruguay, Bolivia, Ecuador, República Dominicana, Colombia, Honduras, México, Israel y Estados Unidos y es famoso por estar abiertamente alineado con la ultraderecha regional, servir de plataforma para políticos como Javier Milei, Jair Bolsonaro y Ricardo Salinas Pliego en sus fases de asenso como políticos outsiders, publicar noticias falsas y provocar la desinformación.
En el espectro cultural, la Batalla Cultural impulsada por la derecha sobresale en la medida en que también es la lucha por la narrativa; pues más que hechos, lo que trasciende son las narrativas sobre la realidad y los fenómenos sociales. Quien controla los medios, controla las narrativas y Salinas Pliego ha sabido poner a su disposición su imperio de medios de comunicación (incluyendo la Derecha diario) para impulsar una cruzada contra Claudia Sheinbaum, mediante slogans construidos para descalificar la labor del gobierno de izquierda, acusado de “narcogobierno”, “narcopresidenta”, “narcocomunismo”, “zurdos de mierda”. Términos, todos ellos, alineados con la batalla cultural, dentro de la guerra híbrida, impulsada por EE. UU., en la región.
La estrategia de medios de Salinas Pliego, copiando “el manual” seguido particularmente por Javier Milei, se ha apoyado de las redes sociales para construir comunidades odiantes y capitalizar todo posible descontento con el gobierno en turno y todo aquello que suene a izquierda. Para ello no solo se ha copiado el lenguaje, promoviendo la “libertad” (para el mercado y decir lo que se le ocurra) y llamando “zurdos de mierda” a todo sujeto crítico, sino que incluso ha copiado elementos de la vestimenta como el uso de chamarras de cuero. Aunque, lo más relevante de la estrategia ha sido sin duda la subjetividad que Silvio Waisbord ha caracterizado como “presidente Troll”, refiriéndose a Javier Milei, quien “encarna el perfil del troll influencer en sintonía con la cultura digital actual. Los trolls humillan a otros adversarios y cualquiera que se cruce. Son provocadores que disfrutan insultar y menospreciar. Trafican en ironías y sarcasmo que reflejan sentirse superior a sus blancos. Además, estos trolls están convencidos de que se encuentran luchado una batalla cultural en la cual deben demostrar a todos los “progres” o “wokes” – feministas, gays y queers, ecologistas, anti-racistas, y migrantes- que están equivocados y muchas veces se articulan en torno a la manósfera. El acoso digital que realizan contra sus oponentes, anima a sus seguidores a hacer lo mismo; y aunque hasta ahora esto parece quedarse en el ámbito de la virtualidad, corre el riesgo de pasar rápidamente a la realidad.
El trollismo es un elemento esencial en la comunicación política de la reacción conservadora contemporánea, pues se especializa en agitar emociones, en un mundo marcado por el resentimiento, el sentimiento de exclusión y fracaso. Su único propósito es producir reacciones inmediatas: atención, estupor, escándalo, aplausos, críticas. Como lo han demostrado los candidatos de ultraderecha en el continente, ser troll es un imán irresistible. Atrae cobertura periodística y genera tendencias digitales que se convierten en batallas entre simpatizantes y detractores, ya sea porque el trolleo entusiasma o exaspera. Al final de cuentas, el objetivo es la construcción de comunidades de odiantes, capaces de derribar toda postura o gobierno de izquierda.
Recientemente, el 1 de junio de 2026, en una entrevista con Adela Micha, Salinas Pliego abundó en lo que sería el slogan de su prevista campaña presidencial en 2030, declarando: ”Estoy tratando de plantear un camino viable para todos nosotros: vida, propiedad y libertad. Cortar el gasto, correr burócratas, bajar los impuestos, liberar la energía creativa de millones de mexicanos”. A pesar de las promesas y el eco mediático que se le ha dado, la campaña presidencial de Salinas Pliego no ha logrado realmente despegar.
La inauguración del mundial de futbol en el Estadio Azteca (temporalmente estadio Ciudad de México) estuvo plagada de controversias en torno a la inasistencia de la presidenta de México al primer partido de la contienda y de un clima de protesta social encabezado por los maestros de la CNTE que exigen la abrogación de la ley del ISSSTE que establece un sistema de pensiones raquítico para trabajadores del Estado y por Colectivos de Madres Buscadoras que denuncian la falta de acciones concretas y eficientes del gobierno federal para atender la crisis de desaparecidos en México. En este contexto de efervescencia social, era de esperar que Salinas Pliego aprovechara la coyuntura para mostrarse a si mismo como estandarte aglutinador del descontento social y representante del “pueblo” en el ya referido encuentro futbolístico. Sin embargo, mientras que en sus redes sociales se mostró (rodeado de guaruras) a las afueras del estadio, vitoreado como “¡¡presidente!!, ¡¡presidente!!” por un grupo de personas (que algunos medios han reportado como sus empleados); lo que en realidad trascendió a la sociedad no fue ese montaje mediático (trasmitido en redes de Tv Azteca) sino los abucheos que otros aficionados subieron a sus redes personales, en las que se le gritó “ahí va la perra de Trump”, lo que desató una tormenta de memes, que derrumbaron, al menos por ahora, su popularidad en redes sociales y sus anhelos presidenciales.
Fuentes citadas:
Álvaro Delgado Gómez (15 de junio de 2026). “La CIA educa a la extrema derecha mexicana desde los 1970. De allí vienen los Salinas”. Sin Embargo. https://www.sinembargo.mx/4820001/la-cia-educa-a-la-extrema-derecha-mexicana-desde-los-1970-de-alli-vienen-los-salinas/?__cf_chl_f_tk=KN6pzcy2ZDGJ.igMbRGhyZ0XxbuBmfggZGx9Pyw4AqU-1783156876-1.0.1.1-QASgmlnxCgBCFhh4MfPyi32WyPhLjaRmu.BiwfHc1_U
Camilo Amado Asenjo (2022) “La guerra híbrida, los problemas estatales que genera y cómo solucionarlos”. Revista Reflexiones Marginales. Dossier#69, Numero#69 https://reflexionesmarginales.com/blog/2022/05/25/la-guerra-hibrida-los-problemas-estatales-que-genera-y-como-solucionarlos/
Cas Mudde (2021). La ultraderecha hoy. Barcelona: ediciones Paidos.
Ernesto Bohaslavsky (2023). Historia Mínima. Las derechas latinoamericanas. México: Colegio de México.
Estrategia Nacional de Defensa (2026) National Defense Estrategy. Restoring peace througth strength for a new golden age of America. https://media.defense.gov/2026/Jan/23/2003864773/-1/-1/0/2026-NATIONAL-DEFENSE-STRATEGY.PDF
Marta Patricia López Astriani (1996). La guerra de baja intensidad en México. México: Plaza y Valdés.
Natalia Strobl (2022). La nueva derecha. Análisis del conservadurismo radicalizado. Buenos Aires: Katz editores.
Silvio Wasboird (2024). “El presidente Troll”. Revista Anfibia. Buenos Aires: Universidad Nacional de San Martín. https://www.revistaanfibia.com/milei-el-presidente-troll/
[1] El viernes 26 de junio se dan a conocer dos nuevos partidos políticos de derecha: a) Construyendo comunidades de Paz, que antes era Encuentro Social, fundado por Hugo Éric Flores actual diputado morenista; B) Somos México, que aglutina lo que en su momento se presentó como movimiento social denominado “la marea rosa”, que también ha sido vinculado con las fallidas llamadas a protestas con la bandera de “chalecos amarillos” y “generación Z” intentando emular procesos globales de insurgencia social. Los organizadores de dichas manifestaciones, en años pasados se caracterizaron por impulsar las protestas contra la reforma al INE y al Poder Judicial. Entre sus filas militan numerosos ex panistas radicalizados.
Ilustración conceptual de la sociedad mediatizada. Imagen creada con inteligencia artificial mediante OpenAI (ChatGPT + DALL·E) para Revista Criba. Historia y Cultura (2026). Uso exclusivamente ilustrativo.
* Alejandro Karin Pedraza Ramos: Licenciado y la Maestro en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Doctor en Ciencias Políticas y Sociales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Especialista en Derechos Humanos por la Universidad Castilla la Mancha/CENADEH. Profesor Asociado C Tiempo Completo en la Licenciatura en Desarrollo y Gestión Interculturales de la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM.
Correo electrónico: karinpedraza@filos.unam.mx
Derecha mexicana y Guerra Híbrida: el caso Ricardo Salinas Pliego
Resumen: En los últimos años se ha observado un resurgimiento y una reconfiguración de la derecha en México, lo cual forma parte de una tendencia global acompañada de una serie de estrategias discursivas. Este artículo reflexiona acerca del concepto de derecha en analogía con el de izquierda, mostrando que ambos son polisémicos, relacionales y performativos. Sin embargo, la derecha se distingue por considerar que las desigualdades son necesarias y positivas para el funcionamiento del orden político, económico y social. En la actualidad, los proyectos de derecha se presentan como disruptivos y antisistemas. En este enfoque, la extrema derecha tiende a adoptar posturas más “revolucionarias”, mientras que la derecha radical es más cercana a tendencias reformistas. En un contexto de globalización de los conflictos, la retórica belicista de Estados Unidos, en particular con la Estrategia Nacional de Defensa del gobierno de Donald Trump, adquiere especial relevancia. Este marco resulta útil para comprender la reconfiguración de la derecha en México, que comenzó a esbozar un proyecto de confrontación tras la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia. Uno de los principales referentes de este nuevo proyecto es Ricardo Salinas Pliego, quien cuenta con un importante poder económico y mediático y ha estrechado vínculos con la Conferencia de Acción Política Conservadora, organización abiertamente relacionada con la derecha estadounidense.
Palabras clave: derecha mexicana/ derecha/ conservadurismo/ Guerra Híbrida
The mexican right and Hybrid Warfare: the case of Ricardo Salinas Pliego
Abstract: In recent years, the Mexican right has undergone a resurgence and reconfiguration as part of a broader global trend accompanied by a range of discursive strategies. This article reflects on the concept of the political right in relation to that of the left, arguing that both are polysemic, relational, and performative concepts. Nevertheless, the right is distinguished by its view that inequalities are necessary and beneficial for the functioning of the political, economic, and social order. Today, right-wing projects increasingly present themselves as disruptive and anti-establishment. Within this framework, the far right tends to adopt more “revolutionary” positions, whereas the radical right is generally closer to reformist tendencies. In a context marked by the globalization of conflicts, the militaristic rhetoric of the United States, particularly as expressed in the National Defense Strategy under Donald Trump’s administration, has acquired particular significance. This framework is useful for understanding the reconfiguration of the Mexican right, which began to articulate a confrontational political project following the election of Andrés Manuel López Obrador as president. One of the leading figures in this new project is Ricardo Salinas Pliego, who wields considerable economic and media influence and has strengthened his ties with the Conservative Political Action Conference, an organization closely associated with the American right.
Key words: Mexican right/ political right/ conservatism/ Hybrid Warfare
Cómo citar este artículo: Pedraza, Alejandro. “Derecha mexicana y Guerra Híbrida: el caso Ricardo Salinas Pliego” Criba. Historia y Cultura, no. 13, jul-sept. 2026, pp. 73-87.
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Criba, Año 2026 (julio – septiembre), edición digital trimestral de publicación continua, editada por Galería de las Artes Café, Plaza San Jacinto #16, Col. San Ángel 01000, Alvaro Obregón, Ciudad de México. Página electrónica de la revista: https://www.cribahistoriaycultura.com/ ; correo electrónico: contacto@cribahistoriaycultura.com, editor responsable: Javier Torres Parés; diseño y actualización: Miguel Bello. Reserva de Derechos al uso exclusivo núm. 04-2023-110912151500-203 (difusiones periódicas), otorgado por el INDAUTOR. ISSN: 3122-4660, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Fecha de última modificación: 18 de diciembre de 2025.
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