20 de julio de 2026
Reseña de Anagricel Camacho Bueno. Capacitación industrial para la prevención en Fundidora Monterrey (1940-1960) Número 13Reseña de Anagricel Camacho Bueno. Capacitación industrial para la prevención en Fundidora Monterrey (1940-1960)
Por Nasbi Morales Amador
Al hablar de industrias, la producción y las políticas dentro de ellas se vuelven los temas más recurrentes para los investigadores, dejando de lado factores sociales. La Dra. Anagricel Camacho Bueno, quien es especialista en la historia social, en su reciente obra titulada Capacitación industrial para la prevención en Fundidora Monterrey (1940-1960) incide directamente en la labor del obrero, dándole vida a este agente social y transformando su capacitación en una estrategia y práctica para generar control, disciplina, identidad y moral profesional.
Asimismo, la clase empresarial buscó un plan de acción enfocado en la educación de los trabajadores, tanto técnica como intelectual, forjando de esta manera la imagen de un Fundidor a base de conocimiento. Incluso la táctica implementada dentro de la Fundidora de Fierro y Acero Monterrey S.A (FUMOSA) no era nueva, y es así como Camacho contextualiza su investigación, remontándose a tiempos de la Revolución Industrial.
Durante los siglos XVIII y XIX en Europa, los empresarios enfrentaron una crisis de aprendizaje en sus fábricas a raíz de la escasa educación técnica de sus trabajadores, los cuales habían emigrado del campo a la ciudad iniciando con la urbanización. Dicha situación generó molestias en el sector, por lo cual comenzaron a diseñar estrategias, surgiendo de este modo lo que la autora denomina como la “educación obrera” que consistía en brindarles una educación al proletariado, buscando mejorar su vida y la producción.
Enfocándose en México, la investigadora analiza el caso del Porfiriato, un evento histórico que marcó de manera significativa al país, en él retoma el principal ideal del expresidente Porfirio Díaz, el cual era la modernización. De esta manera se buscaba implementar un sistema de educación moderno, que fungiera como herramienta de control social, explorando inicialmente 3 factores: la obediencia, el orden y la disciplina.
Para salvaguardar su implementación, en el año de 1891 nace la Ley Orgánica de Instrucción Primaria Obligatoria, sin embargo, dadas las condiciones sociales de la nación, en algunos lugares como las zonas rurales esto era limitado, por la desigualdad que se vivía generada por el modelo económico. Por lo tanto, los sectores religiosos y empresariales tuvieron que intervenir creando centros educativos con el motivo de alfabetizar, crear una cultura de higiene y brindarles herramientas para acceder a un empleo, ya que en las fábricas como requisito era necesario saber leer y escribir.
Al entrar a laborar al engranaje industrial los obreros aseguraban beneficios, tales como: casas, mercados y escuelas. FUMOSA diseñó uno de los proyectos educativos más grandes e importantes de la comunidad obrera: La Escuela Acero, la cual se ubicaba en la Colonia Acero dentro de los terrenos de la Fundidora, generando en ella oportunidades para los integrantes de la fábrica y sus familias. Empezó siendo considerada para la educación de los hijos e hijas, empero, para el año de 1920 se implementaron cursos para los trabajadores, en los cuales cursaban materias especializadas para el trabajo: Dibujo, Matemáticas e Inglés para comunicarse con los técnicos extranjeros y la lectura de manuales, lo que aseguraba una mejor capacitación.
Con Adolfo Prieto en la dirección de Fundidora, lograron que se reconociera la empresa por su progreso a nivel nacional, no solamente por lo que generaba en producción, también por ser promotora moral. La autora reconoce lo estratégico que fue el sector empresarial al crear planes de capacitación, porque a través de ellos moldearon al trabajador según sus ideales y la imagen que deseaban mostrar de su planilla: leales, disciplinados y saludables, buscando fortalecer el físico, la intelectualidad y la economía. La Dra. Anagricel Camacho propone en su libro que se puede percibir el discurso empresarial a través de la voz del obrero, ya que reconocieron que FUMOSA les brindaba bienestar social, lo cual refleja a su vez, el discurso paternalista que refuerza el control hacia el fundidor.
La autora encuentra que la carencia educativa era un problema sistemático, por lo que se buscó implementar instrumentos de política pública que fueran innovadores y que se adaptaran a las condiciones del trabajador. Entre los ejemplos se encuentran carteles ilustrados, proyecciones luminosas, folletos, cine educativo y conferencias, para difundir saberes, conductas y hábitos como la higiene industrial. Además, también Médicos especialistas propusieron la creación de un Museo Mexicano de Higiene y Seguridad en el trabajo, en el que se tratarían de difundir conocimientos científicos y las prácticas laborales a través de colecciones de higiene y seguridad.
Para este punto, se puede inferir que eran multifacéticos al momento de planear capacitaciones; creaban talleres, eventos y material didáctico para el aprendizaje de los trabajadores. Además, se deseaba construir un Centro de Investigación con la finalidad de buscar alternativas y estrategias para prevenir accidentes en el terreno laboral. De dicho modo, fueron algunas empresas las que usaron cédulas psicológicas para clasificar al obrero a una labor que estuviera dentro de sus capacidades.
Dentro de FUMOSA, una de las estrategias más exitosas fue la implementación de una revista hecha por los propios obreros, reforzando de esta manera el discurso paternalista que menciona la autora. Por medio de Preví se difundieron notas que fueran sencillas para que hubiera mejor comprensión de ellas, asimismo, el uso de elementos visuales fortaleciendo la interpretación de la información, y apartados en donde podían hallar recomendaciones o incluso, pequeñas capacitaciones como es el caso de las lesiones.
Por lo anterior, los cursos de primeros auxilios se volvieron obligatorios con el objetivo de reducir la gravedad de los accidentes tras una atención inmediata por parte de los obreros, la Dra. Camacho plantea que no se transmitieron solamente conocimientos, además forjaban una cultura de seguridad tanto a ellos, como a sus familias que formaron parte de la comunidad. Entre los temas tratados se encuentran: Fracturas, envenenamiento, quemaduras y agotamiento.
Por último, no hay que olvidar que existieron organizaciones encargadas de salvaguardar el bienestar del obrero: los sindicatos. Por esta razón, la autora se adentra a investigar las formas en las que se difundieron los primeros auxilios en el Sindicato Industrial de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Similares de la República Mexicana Sección 67, a la que pertenecían los obreros de FUMOSA; es así como la Dra. Anagricel nos comenta que, en el contrato de trabajo del sindicato se hacía obligatorio el equipo de primeros auxilios.
Es a partir de 1968 que se implementaron los primeros cursos dedicados al tema, se trató de un programa dividido en 7 capítulos:
- Fundamentos generales
- Tratar heridas y vendajes
- Hemorragias
- Quemaduras
- Respiración artificial y masaje cardiaco
- Shock traumático
- Fracturas y técnica de transporte
Para la elaboración de la obra, la investigadora contó con bastas fuentes. Sus recursos bibliográficos van de lo local hasta lo internacional, logrando de este modo rastrear los antecedentes de dicho proceso formativo. Además, consigue generar nuevas perspectivas entorno a las capacitaciones técnicas gracias a su repertorio de información especializado en educación, medicina e industria, mostrando un dominio en el área.
Por su parte, también consultó lugares que albergan de primera mano la información necesaria y enriquecedora para su trabajo, los archivos históricos. La autora visitó el Archivo General de la Nación (AGN), Centro de Estudios de Historia de México (CEHM) y por último, uno de los más importantes para el trabajo por su cercanía al objeto de estudio, el Archivo Histórico de Fundidora Monterrey (AHFM).
Adicionalmente, en el último archivo histórico mencionado, se revisó la Revista Colectividad de 1929 y Preví en los años 1945, 1946, 1949, 1950 y 1954. Lo anterior resulta ser de gran apoyo en el estudio realizado, ya que la Dra. Camacho convivió directamente con la evidencia escrita y visual de las notas publicadas por los mismos trabajadores, y aportó a un mejor análisis del tema.
El libro nos ofrece una nueva perspectiva sobre la vida fabril, reforzando la idea de que cada decisión tomada por el sector empresarial tenía un porqué. Igualmente, es debido exponer que las estrategias diseñadas para la difusión de conocimientos técnicos fueron versátiles, eligiendo a la recreación como una de sus herramientas más eficaces e incluso favoritas por la comunidad obrera, consumiéndolas y ejerciéndolas.
La investigación sin duda aporta a la historiografía regional e industrial, debido a que nos permite conocer más sobre los proyectos empresariales para sus obreros y de esta forma mantener una armonía dentro del engranaje industrial, favoreciendo las relaciones sociales y productivas. Asimismo, nos brinda información enriquecedora sobre las prestaciones y servicios a las que los fundidores podían acceder, como una vivienda y educación digna, así como tiendas en donde abastecer sus necesidades.
El uso de reprografías resulta gratificante porque propicia un mejor entendimiento de la lectura, mostrando evidencia directa de Preví. Además, las contextualizaciones que hace la autora son fructíferas para la comprensión de periodos históricos y de qué manera estos modificaron e impactaron en la industria y la enseñanza.
Con este trabajo se constata que el educar también es un acto político, organizando espacios de convivencia y de labor fabril a base de conocimientos técnicos y sociales, brindando un sentido de pertenencia con valores específicos que representaran a FUMOSA de la manera que el sector empresarial deseaban que los vieran: disciplinados, intelectuales y sanos. Las capacitaciones obligatorias tenían sus ventajas, ya que si se contaban con los saberes necesarios, además de acceder a un empleo, también podían obtener sus beneficios, incentivando la lealtad industrial. Los accidentes se volvieron cotidianos para los fundidores, así que la medicina se convirtió en una necesidad, la cual obtenían a través de los talleres mencionados por la autora.
Para concluir, el libro Capacitación industrial para la prevención en Fundidora Monterrey (1940-1960) de la Dra. Anagricel Camacho Bueno, otorga una nueva forma de percibir a la historia industrial, colocando al obrero como un agente social que no solamente saca adelante la producción, también forma parte de una estrategia pedagógica para el desarrollo de una cultura de seguridad física y moral.
Referencia
Camacho Bueno, A. (2026). Capacitación industrial para la prevención en Fundidora Monterrey (1940-1960). Estudios Históricos.
Al hablar de industrias, la producción y las políticas dentro de ellas se vuelven los temas más recurrentes para los investigadores, dejando de lado factores sociales. La Dra. Anagricel Camacho Bueno, quien es especialista en la historia social, en su reciente obra titulada Capacitación industrial para la prevención en Fundidora Monterrey (1940-1960) incide directamente en la labor del obrero, dándole vida a este agente social y transformando su capacitación en una estrategia y práctica para generar control, disciplina, identidad y moral profesional.
Asimismo, la clase empresarial buscó un plan de acción enfocado en la educación de los trabajadores, tanto técnica como intelectual, forjando de esta manera la imagen de un Fundidor a base de conocimiento. Incluso la táctica implementada dentro de la Fundidora de Fierro y Acero Monterrey S.A (FUMOSA) no era nueva, y es así como Camacho contextualiza su investigación, remontándose a tiempos de la Revolución Industrial.
Durante los siglos XVIII y XIX en Europa, los empresarios enfrentaron una crisis de aprendizaje en sus fábricas a raíz de la escasa educación técnica de sus trabajadores, los cuales habían emigrado del campo a la ciudad iniciando con la urbanización. Dicha situación generó molestias en el sector, por lo cual comenzaron a diseñar estrategias, surgiendo de este modo lo que la autora denomina como la “educación obrera” que consistía en brindarles una educación al proletariado, buscando mejorar su vida y la producción.
Enfocándose en México, la investigadora analiza el caso del Porfiriato, un evento histórico que marcó de manera significativa al país, en él retoma el principal ideal del expresidente Porfirio Díaz, el cual era la modernización. De esta manera se buscaba implementar un sistema de educación moderno, que fungiera como herramienta de control social, explorando inicialmente 3 factores: la obediencia, el orden y la disciplina.
Para salvaguardar su implementación, en el año de 1891 nace la Ley Orgánica de Instrucción Primaria Obligatoria, sin embargo, dadas las condiciones sociales de la nación, en algunos lugares como las zonas rurales esto era limitado, por la desigualdad que se vivía generada por el modelo económico. Por lo tanto, los sectores religiosos y empresariales tuvieron que intervenir creando centros educativos con el motivo de alfabetizar, crear una cultura de higiene y brindarles herramientas para acceder a un empleo, ya que en las fábricas como requisito era necesario saber leer y escribir.
Al entrar a laborar al engranaje industrial los obreros aseguraban beneficios, tales como: casas, mercados y escuelas. FUMOSA diseñó uno de los proyectos educativos más grandes e importantes de la comunidad obrera: La Escuela Acero, la cual se ubicaba en la Colonia Acero dentro de los terrenos de la Fundidora, generando en ella oportunidades para los integrantes de la fábrica y sus familias. Empezó siendo considerada para la educación de los hijos e hijas, empero, para el año de 1920 se implementaron cursos para los trabajadores, en los cuales cursaban materias especializadas para el trabajo: Dibujo, Matemáticas e Inglés para comunicarse con los técnicos extranjeros y la lectura de manuales, lo que aseguraba una mejor capacitación.
Con Adolfo Prieto en la dirección de Fundidora, lograron que se reconociera la empresa por su progreso a nivel nacional, no solamente por lo que generaba en producción, también por ser promotora moral. La autora reconoce lo estratégico que fue el sector empresarial al crear planes de capacitación, porque a través de ellos moldearon al trabajador según sus ideales y la imagen que deseaban mostrar de su planilla: leales, disciplinados y saludables, buscando fortalecer el físico, la intelectualidad y la economía. La Dra. Anagricel Camacho propone en su libro que se puede percibir el discurso empresarial a través de la voz del obrero, ya que reconocieron que FUMOSA les brindaba bienestar social, lo cual refleja a su vez, el discurso paternalista que refuerza el control hacia el fundidor.
La autora encuentra que la carencia educativa era un problema sistemático, por lo que se buscó implementar instrumentos de política pública que fueran innovadores y que se adaptaran a las condiciones del trabajador. Entre los ejemplos se encuentran carteles ilustrados, proyecciones luminosas, folletos, cine educativo y conferencias, para difundir saberes, conductas y hábitos como la higiene industrial. Además, también Médicos especialistas propusieron la creación de un Museo Mexicano de Higiene y Seguridad en el trabajo, en el que se tratarían de difundir conocimientos científicos y las prácticas laborales a través de colecciones de higiene y seguridad.
Para este punto, se puede inferir que eran multifacéticos al momento de planear capacitaciones; creaban talleres, eventos y material didáctico para el aprendizaje de los trabajadores. Además, se deseaba construir un Centro de Investigación con la finalidad de buscar alternativas y estrategias para prevenir accidentes en el terreno laboral. De dicho modo, fueron algunas empresas las que usaron cédulas psicológicas para clasificar al obrero a una labor que estuviera dentro de sus capacidades.
Dentro de FUMOSA, una de las estrategias más exitosas fue la implementación de una revista hecha por los propios obreros, reforzando de esta manera el discurso paternalista que menciona la autora. Por medio de Preví se difundieron notas que fueran sencillas para que hubiera mejor comprensión de ellas, asimismo, el uso de elementos visuales fortaleciendo la interpretación de la información, y apartados en donde podían hallar recomendaciones o incluso, pequeñas capacitaciones como es el caso de las lesiones.
Por lo anterior, los cursos de primeros auxilios se volvieron obligatorios con el objetivo de reducir la gravedad de los accidentes tras una atención inmediata por parte de los obreros, la Dra. Camacho plantea que no se transmitieron solamente conocimientos, además forjaban una cultura de seguridad tanto a ellos, como a sus familias que formaron parte de la comunidad. Entre los temas tratados se encuentran: Fracturas, envenenamiento, quemaduras y agotamiento.
Por último, no hay que olvidar que existieron organizaciones encargadas de salvaguardar el bienestar del obrero: los sindicatos. Por esta razón, la autora se adentra a investigar las formas en las que se difundieron los primeros auxilios en el Sindicato Industrial de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Similares de la República Mexicana Sección 67, a la que pertenecían los obreros de FUMOSA; es así como la Dra. Anagricel nos comenta que, en el contrato de trabajo del sindicato se hacía obligatorio el equipo de primeros auxilios.
Es a partir de 1968 que se implementaron los primeros cursos dedicados al tema, se trató de un programa dividido en 7 capítulos:
- Fundamentos generales
- Tratar heridas y vendajes
- Hemorragias
- Quemaduras
- Respiración artificial y masaje cardiaco
- Shock traumático
- Fracturas y técnica de transporte
Para la elaboración de la obra, la investigadora contó con bastas fuentes. Sus recursos bibliográficos van de lo local hasta lo internacional, logrando de este modo rastrear los antecedentes de dicho proceso formativo. Además, consigue generar nuevas perspectivas entorno a las capacitaciones técnicas gracias a su repertorio de información especializado en educación, medicina e industria, mostrando un dominio en el área.
Por su parte, también consultó lugares que albergan de primera mano la información necesaria y enriquecedora para su trabajo, los archivos históricos. La autora visitó el Archivo General de la Nación (AGN), Centro de Estudios de Historia de México (CEHM) y por último, uno de los más importantes para el trabajo por su cercanía al objeto de estudio, el Archivo Histórico de Fundidora Monterrey (AHFM).
Adicionalmente, en el último archivo histórico mencionado, se revisó la Revista Colectividad de 1929 y Preví en los años 1945, 1946, 1949, 1950 y 1954. Lo anterior resulta ser de gran apoyo en el estudio realizado, ya que la Dra. Camacho convivió directamente con la evidencia escrita y visual de las notas publicadas por los mismos trabajadores, y aportó a un mejor análisis del tema.
El libro nos ofrece una nueva perspectiva sobre la vida fabril, reforzando la idea de que cada decisión tomada por el sector empresarial tenía un porqué. Igualmente, es debido exponer que las estrategias diseñadas para la difusión de conocimientos técnicos fueron versátiles, eligiendo a la recreación como una de sus herramientas más eficaces e incluso favoritas por la comunidad obrera, consumiéndolas y ejerciéndolas.
La investigación sin duda aporta a la historiografía regional e industrial, debido a que nos permite conocer más sobre los proyectos empresariales para sus obreros y de esta forma mantener una armonía dentro del engranaje industrial, favoreciendo las relaciones sociales y productivas. Asimismo, nos brinda información enriquecedora sobre las prestaciones y servicios a las que los fundidores podían acceder, como una vivienda y educación digna, así como tiendas en donde abastecer sus necesidades.
El uso de reprografías resulta gratificante porque propicia un mejor entendimiento de la lectura, mostrando evidencia directa de Preví. Además, las contextualizaciones que hace la autora son fructíferas para la comprensión de periodos históricos y de qué manera estos modificaron e impactaron en la industria y la enseñanza.
Con este trabajo se constata que el educar también es un acto político, organizando espacios de convivencia y de labor fabril a base de conocimientos técnicos y sociales, brindando un sentido de pertenencia con valores específicos que representaran a FUMOSA de la manera que el sector empresarial deseaban que los vieran: disciplinados, intelectuales y sanos. Las capacitaciones obligatorias tenían sus ventajas, ya que si se contaban con los saberes necesarios, además de acceder a un empleo, también podían obtener sus beneficios, incentivando la lealtad industrial. Los accidentes se volvieron cotidianos para los fundidores, así que la medicina se convirtió en una necesidad, la cual obtenían a través de los talleres mencionados por la autora.
Para concluir, el libro Capacitación industrial para la prevención en Fundidora Monterrey (1940-1960) de la Dra. Anagricel Camacho Bueno, otorga una nueva forma de percibir a la historia industrial, colocando al obrero como un agente social que no solamente saca adelante la producción, también forma parte de una estrategia pedagógica para el desarrollo de una cultura de seguridad física y moral.
Referencia
Camacho Bueno, A. (2026). Capacitación industrial para la prevención en Fundidora Monterrey (1940-1960). Estudios Históricos.
Ilustración conceptual de los trabajadores metalúrgicos en la segunda mitad del siglo XX. Imagen creada con inteligencia artificial mediante OpenAI (ChatGPT + DALL·E) para Revista Criba. Historia y Cultura (2026). Uso exclusivamente ilustrativo.
Criba. Historia y Cultura
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Criba, Año 2026 (julio – septiembre), edición digital trimestral de publicación continua, editada por Galería de las Artes Café, Plaza San Jacinto #16, Col. San Ángel 01000, Alvaro Obregón, Ciudad de México. Página electrónica de la revista: https://www.cribahistoriaycultura.com/ ; correo electrónico: contacto@cribahistoriaycultura.com, editor responsable: Javier Torres Parés; diseño y actualización: Miguel Bello. Reserva de Derechos al uso exclusivo núm. 04-2023-110912151500-203 (difusiones periódicas), otorgado por el INDAUTOR. ISSN: 3122-4660, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Fecha de última modificación: 18 de diciembre de 2025.
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