22 de julio de 2026

Cómo llegamos al ahora venezolano.
Número 13

Cómo llegamos al ahora venezolano.

Por Esaú López García *

Comprender cómo fue posible que se suscitara la captura de Nicolás Maduro Moros el 3 de enero de 2026 requiere analizar un entramado complejo de coerción interna y externa. Este artículo propone un recorrido histórico que conecta las decisiones económicas globales de la década de 1970 con la crisis venezolana del siglo XXI, prestando atención tanto a los factores exógenos (especialmente el rol de Estados Unidos) como a las vulnerabilidades endógenas del modelo rentista venezolano.

Suele afirmarse que vivimos en un “mundo globalizado”, y aunque hay muchas formas de constatarlo, nos concentraremos en dos hitos de los años 70 que resultan fundamentales para comprender a la Venezuela contemporánea: 1) el Nixon shock (1971), y 2) el bloqueo petrolero árabe como respuesta a la Guerra del Ramadán (1973).

Tras la Segunda Guerra Mundial, la economía internacional se organizó en torno al “Sistema de Bretton Woods”, que buscaba garantizar estabilidad financiera y reconstrucción. Lo relevante para nuestro análisis es que este sistema obligaba a los países miembros a vincular el valor de sus monedas al dólar, y Estados Unidos, a su vez, garantizaba la convertibilidad del dólar en oro a 35 dólares por onza. En 1971, el presidente Richard Nixon suspendió esta convertibilidad, rompiendo con el patrón oro. El dólar quedó sin respaldo material, y la solución encontrada fue vincularlo al petróleo: nació así el “petrodólar”, un sistema que perdura hasta hoy y que otorga a Estados Unidos un poder estructural sobre la economía global.

El segundo hito es el bloqueo petrolero de 1973. Los países árabes miembros de la OPEP —organización de la que Venezuela fue miembro fundador en 1960— decidieron suspender las exportaciones de crudo a los países que apoyaron a Israel durante la Guerra del Ramadán. Esta medida, además de una postura política, respondía a un interés económico: los países árabes buscaban aumentar sus ingresos petroleros, que hasta entonces se mantenían estancados. La escasez provocó que el precio del barril saltara de 3 a cerca de 12 dólares en pocos meses.[1]

Podría pensarse que los países árabes tomaron el control de la situación, pero no fue así del todo. Estados Unidos negoció rápidamente un acuerdo estratégico con Arabia Saudí entre 1973 y 1974. El pacto, en esencia, establecía que los saudíes venderían su petróleo exclusivamente en dólares y reinvertirían sus ganancias en bonos del tesoro estadounidense; a cambio, Washington les proporcionaría protección militar y armamento. Para 1975, el resto de la OPEP se adhirió a este modelo, consolidando el petrodólar como pilar del orden financiero internacional.

Este sistema obliga a los países importadores de petróleo a acumular reservas en dólares para poder adquirir crudo, y a los exportadores a comerciar únicamente en esa moneda. Cualquier operación en otra divisa implica complejos mecanismos de compensación, lo que otorga a Estados Unidos una herramienta de presión geopolítica de primer orden.

¿Qué tiene que ver todo esto con Venezuela? La coyuntura de los años 70 ofreció a Venezuela oportunidades únicas, pero también sentó las bases de su vulnerabilidad futura. El bloqueo árabe desvió la mirada de muchos compradores hacia Venezuela, considerado un proveedor confiable y no conflictivo. El precio disparado del petróleo multiplicó los ingresos fiscales. En 1976, bajo la presidencia de Carlos Andrés Pérez, se creó Petróleos de Venezuela (PDVSA),[2] empresa estatal que se convertiría en el motor económico del país. Las arcas se hincharon, y el gobierno aumentó el gasto público para modernizar infraestructura y promover una política de sustitución de importaciones. El desempleo cayó a apenas el 4%, y menos del 20% de la población vivía en situación de pobreza —cifras que contrastan dramáticamente con el presente, donde se estima que más del 90% de los hogares viven en pobreza.[3]

Sin embargo, esta bonanza escondía un problema estructural: la economía venezolana se volcó casi exclusivamente a la extracción y exportación de petróleo, descuidando otros sectores productivos. Se denomina a este fenómeno “enfermedad holandesa”: la afluencia de divisas por recursos naturales aprecia el tipo de cambio real y desincentiva la producción local no petrolera. Venezuela comenzó a importar bienes que antes producía, y su industria nacional se debilitó progresivamente.

El gasto público desmedido y la creciente deuda externa llevaron a una crisis de balanza de pagos. El 18 de febrero de 1983, ya durante el gobierno de Luis Herrera Campins, el bolívar sufrió una fuerte devaluación conocida como el “Viernes Negro”, al instaurarse un sistema de cambio diferencial. El país perdió más de 8.000 millones de dólares en reservas internacionales y acumuló compromisos financieros insostenibles. El Fondo Monetario Internacional (FMI) exigió medidas de austeridad, que se tradujeron en aumentos de combustibles y tarifas del transporte público, generando un creciente malestar social.

El descontento acumulado explotó el 27 de febrero de 1989 con el “Caracazo”: una ola de protestas que comenzaron como marchas pacíficas y derivaron en saqueos y violencia generalizada. La represión estatal dejó un saldo de cientos de muertos y miles de heridos, según informes de organismos de derechos humanos. Este episodio quebró la legitimidad del sistema político bipartidista que había gobernado Venezuela desde 1958 y abrió el camino a intentos de golpe de Estado en la década de 1990.

En 1992, un militar de nombre Hugo Chávez encabezó uno de esos intentos golpistas. Tras fracasar, fue encarcelado, pero obtuvo notoriedad pública. Liberado en 1994, Chávez se presentó a las elecciones presidenciales de 1998 con un discurso socialista y antineoliberal, logrando un triunfo contundente. Su programa prometía combatir la corrupción clientelar, redistribuir la riqueza y dar voz a las poblaciones marginadas. Durante sus primeros años de gobierno, Chávez impulsó misiones sociales (vivienda, salud, educación) financiadas por los altos precios del petróleo, que se mantuvieron elevados hasta mediados de la década del 2000.

No obstante, la sostenibilidad de estas políticas dependía de un factor frágil: el precio del crudo. Venezuela no logró diversificar su economía; al contrario, profundizó su dependencia petrolera. Mientras el barril se mantuvo alto, los programas sociales funcionaron y Chávez fue reelegido en 2000, 2006 y 2012.

En la primera década del siglo XXI, Chávez articuló un “bloque antiimperialista” junto a países como Irán, Cuba y Bolivia, buscando contrapesar la hegemonía estadounidense. En respuesta, la administración de George W. Bush incluyó a Venezuela en una lista ampliada de naciones “problemáticas”, aunque no llegó a clasificarla formalmente como parte del “Eje del mal” —esa denominación se reservó para Irak, Irán y Corea del Norte. No obstante, las tensiones diplomáticas y las primeras sanciones económicas comenzaron a afectar al país.

Chávez intentó nacionalizar industrias estratégicas (como la siderúrgica y las telecomunicaciones) y fortalecer el control estatal sobre PDVSA. Sin embargo, estas medidas, sumadas a un entorno internacional hostil, no lograron reducir la dependencia petrolera. En 2011, Chávez enfermó de cáncer y, pese a su delicado estado de salud, se presentó a las elecciones de 2012 y ganó un cuarto mandato.[4] Al fallecer en marzo de 2013, Chávez dejó como heredero político a su vicepresidente, Nicolás Maduro Moros, a quien pidió dar continuidad al proyecto revolucionario. Maduro asumió la presidencia interina y luego resultó elegido en unos comicios muy ajustados y cuestionados por la oposición.

Maduro heredó un país con una economía ya resquebrajada y, para colmo, el precio del petróleo comenzó a descender a partir de 2014, pasando de más de 100 dólares por barril a menos de 30 en algunos momentos. Los ingresos fiscales se desplomaron, pero el gobierno mantuvo los programas sociales, financiándolos con emisión monetaria y endeudamiento externo. Esta política provocó una hiperinflación que, según datos del Banco Central de Venezuela, superó el 1.000.000% anual en 2018, pulverizando el poder adquisitivo de los salarios y ahorros.[5]

En un intento por contener la inflación y garantizar el acceso a bienes básicos, el gobierno impuso un “control de precios” sobre productos de primera necesidad. Sin embargo, la medida tuvo el efecto opuesto: al fijar precios máximos por debajo del costo de reposición, los comerciantes dejaron de vender esos productos, generando desabastecimiento y un mercado negro generalizado. Muchas empresas nacionales y multinacionales cerraron o se marcharon del país, agravando la recesión y desatando el mayor éxodo migratorio de la historia reciente de América Latina: más de 7 millones de venezolanos han abandonado su país, según datos de Naciones Unidas.[6]

En este contexto de fragilidad, la presión externa se intensificó. Estados Unidos, bajo la administración de Donald J. Trump (quien regresó a la presidencia en 2025), mantuvo y endureció las sanciones económicas, alegando vínculos de Maduro con el narcotráfico y la conformación del denominado “Cartel de los Soles”. Aunque el gobierno venezolano intentó acercamientos diplomáticos —Maduro se refirió a Trump en términos protocolares y buscó negociar—, Washington no cejó en su objetivo de desalojarlo del poder.

El 3 de enero de 2026, en un “operativo especial”, Maduro fue capturado en Caracas. El gobierno estadounidense justificó la acción como parte de su lucha contra el narcotráfico y la defensa de la democracia, aunque críticos internacionales señalaron que se trataba de una intervención unilateral violatoria del derecho internacional.[7]

La vicepresidenta Delcy Rodríguez asumió como presidenta interina. En sus primeros meses de gobierno, adoptó una postura más conciliadora con Washington, levantando algunas restricciones y permitiendo una mayor presencia de empresas estadounidenses en el sector energético. A cambio, Estados Unidos alivió parcialmente las sanciones que pesaban sobre Rodríguez y su círculo cercano.

No obstante, la retórica oficial estadounidense —según declaraciones de Trump recogidas por medios internacionales— no oculta que su interés prioritario es garantizar el flujo de petróleo venezolano hacia el mercado global, más que la reconstrucción del país o el bienestar de su población. Venezuela sigue sin una política industrial sólida y continúa dependiendo casi exclusivamente del crudo, con la diferencia de que ahora los ingresos no se canalizan hacia el Estado ni a programas sociales, sino a empresas extranjeras y a una élite local que ha pactado con ellas.[8] 

El caso venezolano ilustra con crudeza cómo la dependencia de un recurso natural, combinada con la fragilidad institucional y la presión geopolítica, puede conducir a un colapso multidimensional. No se trata únicamente de un problema de “imperialismo” externo, sino también de un modelo de desarrollo que, durante décadas, pospuso la diversificación productiva y la construcción de un Estado de derecho sólido.

Frente a este escenario, la soberanía de Venezuela no podrá recuperarse solo con discursos antiimperialistas o con concesiones a potencias extranjeras. Requerirá, como asignatura pendiente desde el siglo pasado, una estrategia económica que regule la inversión extranjera sin entregar el control de los recursos, fomente sectores no petroleros, y reconstruya el tejido social y productivo. La pregunta abierta es si el actual gobierno interino —o cualquier otro que le suceda— tendrá la voluntad y la capacidad de emprender ese camino, o si seguirá atrapado en la lógica rentista que ha definido a Venezuela durante más de medio siglo.

 

Bibliografía

 

Agencia de la ONU para los refugiados, Situación de Venezuela | ACNUR.

Econvi 2024, Encovi 2024 | Encuesta Nacional de Condiciones de Vida

Friesen, Garth, The Path To Hyperinflation: «What Happened To Venezuela?», en Forbes, The Path To Hyperinflation: What Happened To Venezuela? 

Moleiro, Alonso, «La captura de Nicolás Maduro, una ofensiva esperada en Venezuela», en El País, 3 de enero de 2026, Videoanálisis | La captura de Nicolás Maduro, una ofensiva esperada en Venezuela | EL PAÍS América.

Pino Iturrieta, Elías, Historia mínima de Venezuela, México, Colegio de México, 2018.
Singer, Florantonia, «Venezuela abre a Estados Unidos su subsuelo lleno de oro y de gas», en El País, 10 de marzo de 2026, Venezuela abre a Estados Unidos su subsuelo lleno de oro y de gas | EL PAÍS América.

 

[1]  Inés Quintero Montiel, «El siglo XX: conquista, construcción y defensa de la democracia», en Historia mínima de Venezuela, México, Colegio de México, 2018, p. 197.

[2] Idem.

[3]  Véase Econvi 2024, Encovi 2024 | Encuesta Nacional de Condiciones de Vida

[4] Inés Quintero, op. cit., 217-227.

[5] Garth Friesen, The Path To Hyperinflation: «What Happened To Venezuela?», en Forbes, The Path To Hyperinflation: What Happened To Venezuela?

[6]  Agencia de la ONU para los refugiados, Situación de Venezuela | ACNUR.

[7] Alonso Moleiro, «La captura de Nicolás Maduro, una ofensiva esperada en Venezuela», en El País, 3 de enero de 2026, Videoanálisis | La captura de Nicolás Maduro, una ofensiva esperada en Venezuela | EL PAÍS América.

[8] Florantonia Singer, «Venezuela abre a Estados Unidos su subsuelo lleno de oro y de gas», en El País, 10 de marzo de 2026, Venezuela abre a Estados Unidos su subsuelo lleno de oro y de gas | EL PAÍS América.

Venezuela

* Esaú López García: Licenciado en Historia por la UNAM y maestrante en Historia Intelectual en la Universidad de Oxford (adscrito en el Kellogg College). Premio O’Gorman para investigadores en teoría de la Historia, 2023.

Director del Seminario de Historiología en el Instituto de Investigaciones Filosóficas, de 2023 a 2024. Miembro de posgrado de la Royal Historial Society desde 2024 y de The Royal Institute of Philosophy desde 2025. Desde 2021, investigador en el proyecto editorial Criba. Historia y Cultura.

 Correo electrónico: esau@cribahistoriaycultura.com

Cómo llegamos al ahora venezolano

 Resumen: Este artículo analiza el proceso histórico y estructural que condujo a la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026, situándolo en el marco de la dependencia petrolera venezolana y la presión geopolítica de Estados Unidos. Se examinan dos hitos globales de la década de 1970 —el Nixon shock y el bloqueo petrolero árabe— que consolidaron el petrodólar y otorgaron a Washington un poder estructural sobre la economía mundial. En el caso venezolano, la bonanza de los años setenta impulsó un modelo rentista que descuidó la diversificación productiva, generando la “enfermedad holandesa” y una fragilidad crónica. La crisis fiscal de 1983, el Caracazo de 1989, los intentos de golpe de los años 90 y el posterior chavismo profundizaron esa dependencia, mientras que la caída del precio del petróleo desde 2014 desencadenó hiperinflación, desabastecimiento y emigración masiva. En este contexto de debilidad interna, la administración Trump endureció las sanciones y ejecutó un operativo militar para capturar a Maduro, justificado en la lucha contra el narcotráfico. El artículo concluye que la soberanía venezolana sólo podrá reconstruirse mediante una estrategia que regule la inversión extranjera, diversifique la economía y fortalezca el Estado de derecho, superando la lógica rentista que ha dominado el país durante más de cincuenta años.

Palabras clave: petrodólar, rentismo petrolero, crisis venezolana, intervención estadounidense.

Abstract: This article examines the historical and structural process that led to the capture of Nicolás Maduro on January 3, 2026, within the framework of Venezuela’s oil dependence and U.S. geopolitical pressure. It analyzes two key global events from the 1970s —the Nixon shock and the Arab oil embargo— which consolidated the petrodollar system and granted Washington structural power over the global economy. In Venezuela, the 1970s oil boom fostered a rentier model that neglected productive diversification, generating “Dutch disease” and chronic fragility. The fiscal crisis of 1983, the Caracazo uprising of 1989, the coup attempts of the 1990s, and the subsequent Chavista governments deepened this dependence, while the fall in oil prices after 2014 triggered hyperinflation, shortages, and mass emigration. In this context of internal weakness, the Trump administration tightened sanctions and carried out a military operation to capture Maduro, justified as part of the fight against drug trafficking. The article concludes that Venezuelan sovereignty can only be rebuilt through a strategy that regulates foreign investment, diversifies the economy, and strengthens the rule of law, overcoming the rentier logic that has dominated the country for over half a century.

Keywords: petrodollar, oil rentierism, Venezuelan crisis, U.S. intervention.

Cómo citar este artículo: López, Esaú. “Cómo llegamos al ahora venezolano” Criba. Historia y Cultura, no. 13, jul-sept. 2026, pp. 88- 94.

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