27 de julio de 2026

La adopción del eurocomunismo y el fin de la izquierda socialista en México.

La adopción del eurocomunismo y el fin de la izquierda socialista en México.

Por Miguel Ángel Urrego*

Contra lo que dicen los economistas oficiales y lo que se propaga en la prensa, la radio y la televisión, la producción de petróleo por arriba de nuestras necesidades de consumo no produce riqueza.

Heberto Castillo, 1977.

Los comunistas mexicanos experimentaron una gran transformación en los años setenta y ochenta del siglo pasado, y dos de los hechos más notorios fueron la adopción de la visión eurocomunista y el abandono de las posturas bolcheviques. Esta identificación no fue producto de la adopción pasiva de los puntos de vista de los comunistas españoles, franceses e italianos, sino del encuentro afortunado entre una serie de transformaciones ideológicas y políticas de los comunistas mexicanos y cambios sustanciales en los comunistas europeos, ocurridos en el contexto de las conclusiones del XX Congreso del PCUS y de los debates sobre la restauración de la democracia. Para entender este proceso, comentaremos brevemente tres hechos: las conclusiones del XX Congreso del PCUS, los debates de los comunistas europeos ante procesos de transición democrática; las tesis centrales del eurocomunismo; y, finalmente, las transformaciones ideológicas del PCM que justificarían el abandono del marxismo y su fusión con otras fuerzas de izquierda.

 

XX Congreso del PCUS y la vía parlamentaria.

 

La irrupción del eurocentrismo fue fruto de los cambios ideológicos introducidos por el XX Congreso del PCUS (14-26 de febrero de 1956) y del abandono del bolchevismo por parte de los comunistas europeos. Los cambios fundamentales establecidos por el PCUS fueron: la coexistencia pacífica con el capitalismo, la supremacía de la vía democrática y la denominada vía nacional al socialismo.  En otras palabras, se impulsó en el universo de los partidos comunistas ligados a Moscú, una inclinación al abandono del proyecto revolucionario y la adopción de la vía de transición pacífica, lenta y por etapas, de las reformas sociales.

El Informe Secreto de Nikita Khrushchev en el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) se presentó el 25 de febrero de 1956. Aunque en América Latina se conocieron sólo los puntos esenciales, pues su contenido completo no se publicó hasta 1988, sí generó una importante reacción entre los partidos latinoamericanos, especialmente por la manera en que se implementaron las orientaciones, como la desmovilización de grandes contingentes del ejército, la visita de funcionarios soviéticos a diversos países occidentales y las propuestas de diversos tipos de acuerdos con Estados Unidos. En esencia, la tendencia consistió en plegarse a las orientaciones del PCUS. Por ello, la mayor parte de la propaganda comunista en América Latina coincidió en resaltar la postura pacifista de la URSS.

Los comentarios hechos por el Partido Comunista Argentino (PCA) al informe de Khrushchev hechos por Víctor Codovilla, su máximo dirigente, resaltaron la “acción pacífica impulsada mediante los métodos parlamentarios” y la contribución a la defensa de la paz mundial.   Casi en los mismos términos se expresó el Partido Comunista de Uruguay, para quien el XX Congreso del PCUS había establecido que, bajo las nuevas condiciones mundiales, no era obligatorio el camino revolucionario de la insurrección. Los comunistas brasileños publicaron casi de inmediato una serie de artículos en los que se informaba sobre la celebración del XX Congreso del PCUS, y lo más destacado fueron los logros económicos y el giro de la política exterior de la URSS hacia la coexistencia pacífica. 

La excepción a estas posturas de los comunistas latinoamericanos fue la del Partido Comunista de Venezuela (PCV) y la del Partido Comunista de Colombia (PCC). Venezuela vivió, bajo Rómulo Betancourt (1959-1964), un periodo de intensa represión en el que se registraron el asesinato de militantes, el allanamiento de las sedes políticas y el juicio por consejo de guerra contra más de 500 activistas. Ante la oleada represiva y en pleno fervor de la revolución cubana, en el III Congreso del PCV (10 de marzo de 1961) se aprobó la lucha armada. No obstante, el partido inició un periodo en el que se alternaron las detenciones, los operativos militares y las divisiones del partido, como la que daría origen al Movimiento al Socialismo (MAS). En abril de 1967, el VIII Pleno del Comité Central decretó el fin de la lucha armada y privilegió la acción parlamentaria.

El Partido Comunista de Colombia estableció a comienzos de los años sesenta el principio de “combinación de todas las formas de lucha”, con el cual respondía a la presión que, desde mediados de los cincuenta, ejercían militantes vinculados al mundo campesino y que reclamaban el uso de la vía armada. Este reclamo derivó en la expulsión de importantes dirigentes y fue una de las razones de la ruptura del partido y del surgimiento del Partido Comunista (Marxista-Leninista). Para evitar la desbandada general, la dirección comunista cedió ante los más radicales que aún permanecían en la organización y apoyó el proyecto de resistencia campesina que años más tarde daría origen a la guerrilla de las FARC. Al mismo tiempo exaltaban la inclinación pacifista de la URSS y la coexistencia pacífica y el uso del parlamento.

No obstante, estos llamados a la coexistencia pacífica y a la inclinación por la paz por parte de la URSS chocaron con las invasiones soviéticas a Hungría en noviembre de 1956 y a Checoslovaquia en 1968, legitimadas con el argumento de responder a un llamado de los gobiernos o de enfrentar un intento de golpe reaccionario que amenazaba con destruir los logros y debilitar el Pacto de Varsovia. Aunque la mayoría de los comunistas latinoamericanos se plegó a la explicación oficial, hubo manifestaciones de rechazo. Lo que no pudieron ocultar fue la crítica de la casi totalidad de los intelectuales europeos, cuyas posturas circularon ampliamente en América Latina, al igual que la de los partidos comunistas.

 

Los debates sobre la transición a la democracia y la formulación del eurocomunismo

 

La formulación del eurocomunismo por parte de los partidos comunistas de España, Francia e Italia fue un proceso que se inició en los años sesenta como resultado de las conclusiones del XX Congreso del PCUS, del impacto de las polémicas sobre la transición a la democracia en países como Portugal y España y de grandes cambios ideológicos por parte de los comunistas.

En Portugal, a comienzos de los setenta, dos temas acapararon la atención de las fuerzas políticas y sociales. En primer lugar, una oleada de expresiones de rechazo a la represión y a la dictadura y de exigencias de cambios económicos y sociales. En segundo lugar: el malestar en las fuerzas armadas ante el colonialismo en África, que consideraban insostenible, y su inclinación por formar parte de una gran alianza popular que impulsara las reformas.

En marzo de 1974 se creó el Movimiento de Fuerzas Armadas (MFA) el cual, con orientación marxista, planteó un proyecto de Democracia, Desarrollo y Descolonización. Asimismo, se hicieron públicas las críticas del general António de Spinola al colonialismo. El general Spinola publicó también en 1974 el libro Portugal E O Futuro, el cual fue traducido inmediatamente al español y al inglés.[1] En él reflexionaba sobre la imposibilidad de mantener el sistema colonial en África y la necesidad de ampliar la democracia en el país. Por ello fue expulsado del ejército. En rechazo a la larga dictadura del Estado Novo, instaurada en 1926, y por la necesidad de eliminar la gran miseria reinante, y en solidaridad con el ejército, se produjo el 25 de abril un levantamiento que dio origen al periodo conocido como la Revolución de los Claveles.  Aunque sin plena coordinación, un creciente movimiento social, incluidos los vacilantes comunistas y socialistas, acompañó a los militares y se produjeron la toma de grandes latifundios en el sur del país, la nacionalización de la banca y de importantes sectores de la industria y el control de las empresas por parte de los trabajadores. Igualmente comenzó un debate sobre los límites de la democracia parlamentaria.

En las elecciones de abril de 1975, el Partido Socialista obtuvo el 38% de los votos, los comunistas, cerca del 16,5%, y los partidos de derecha, el 34%. Durante el verano hubo enfrentamientos entre los militares de izquierda y las fuerzas de derecha. Igualmente, actuaron grupos orientados desde España para golpear a los comunistas. Al cabo de estas refriegas se aceptó el inicio de una nueva etapa política para el país. El jefe de la reacción contra el levantamiento de los militares de izquierda, António Ramalho Eanes, convocó elecciones y, de ellas, resultó elegido presidente (1976-1986). Para garantizar un marco legal, se redactó una nueva constitución, se reconoció al PCP y se permitió el retorno al país de sus dirigentes, quienes paradójicamente condenaron los proyectos de doble poder o de poder popular que impulsaban sectores del movimiento social y de izquierda, con el calificativo de “ilusos idealistas”.

Los sucesos en Portugal alertaron a las derechas españolas, pues casi al mismo tiempo, el 20 de noviembre de 1975, vieron morir a Francisco Franco. De manera que, por una parte, temían un estallido social similar al de Portugal y, por otra, aceptaron que hablar de una transición a la democracia resultaba inevitable. Por ello manifestaron su disposición a discutir el tema de la democracia, aunque sin alterar el régimen de la dictadura franquista.

Estos dos procesos tuvieron un gran impacto internacional y coincidieron con la serie de debates al interior de las fuerzas de izquierda, en particular de los partidos comunistas de la región sobre la transición a la democracia. Para llegar a este tema, los comunistas europeos comenzaron criticando la teoría del partido de vanguardia elaborada por Lenin, el legado de Stalin, condenaron la dictadura del proletariado, la vía revolucionaria y el control estatal de la economía, y abogaron por respaldar los proyectos que promovieran el desarrollo económico y la paz y las alianzas políticas, incluso con la burguesía. Los partidos comunistas europeos habían coincidido en desmovilizar las protestas a cambio de un reconocimiento y de ser los interlocutores del Estado y de las burguesías.  No era propio de Portugal ni de España; también había sido la situación en Francia, especialmente durante mayo de 68. Como se sabe, los comunistas calificaron las movilizaciones estudiantiles de aventureras, impidieron la alianza entre obreros y estudiantes y promovieron el sometimiento del movimiento social a los sindicatos comunistas y al propio PCF. De allí que, para gran parte de los estudiantes, el PCF contribuía a la desmovilización. 

Uno de los ideólogos más influyentes del eurocomunismo fue Santiago Carrillo, secretario general del Partido Comunista de España, cuyas ideas fueron ampliamente difundidas en México. Además, se publicaron artículos y reseñas donde se hacía eco de las transformaciones de los comunistas europeos y se hacía apología de las propuestas eurocomunistas, que, como veremos más adelante, coincidían con cambios ideológicos profundos del comunismo mexicano.

No extraña, por tanto, que estos acontecimientos en Europa llamaran poderosamente la atención de las izquierdas y, en particular, de los partidos comunistas de América Latina. En las diversas reuniones a las que asistieron los delegados mexicanos, pudieron escuchar tanto informes sobre lo que sucedía en Portugal y España como sobre los cambios en las orientaciones políticas e ideológicas que comenzaban a implementarse por parte de los comunistas europeos.

 

El PCM y la adopción del eurocomunismo

América Latina atravesaba una etapa de restricción de la democracia debido a la presencia de los militares. En 1968, el general Velasco Alvarado tomó el poder y orientó su gobierno hacia las reformas sociales, la nacionalización de empresas estratégicas y el nombramiento de antiguos guerrilleros en cargos públicos. Brasil, por su parte, había sufrido un golpe militar en 1964, pero en 1974 el general Ernesto Geisel asumió el control político y, ante el desgaste de la dictadura y el ascenso popular, se comprometió a un retorno a la democracia, aunque de manera lenta y gradual. Augusto Pinochet derrocó a Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973 e instauró una violenta dictadura de extrema derecha. Igualmente, los militares argentinos dieron un sangriento golpe de Estado el 24 de marzo de 1976 y sumergieron al país en una oscura noche de terror y desapariciones. De manera que la discusión sobre la vía electoral, especialmente a raíz de la victoria de la Unidad Popular el 3 de noviembre de 1970 en Chile, y sobre la democracia, debido a las dictaduras, permeó la discusión de las izquierdas y de los demócratas.

Por otra parte, las relaciones entre las izquierdas europeas y el comunismo mexicano tenían una larga historia. El gobierno mexicano había brindado un variado tipo de apoyo a los republicanos españoles y a la lucha antifascista. Gracias a la política exterior, se pudo brindar apoyo a la dirigencia de la república, a cientos de militantes perseguidos en España y a un número importante de niños y familiares en franca situación de abandono. Este movimiento de apoyo se expresó a partir de la segunda mitad de los años treinta e influyó no solo en la ciencia y la cultura producidas en México, sino también en el establecimiento de férreos nexos entre las izquierdas y los gobiernos del PRI y los partidos políticos españoles.  Adicionalmente, el gobierno mexicano otorgó protección a León Trotsky, por lo que los vínculos con las distintas variantes del comunismo resultaban fácilmente accesibles para intelectuales y políticos.

En México, el Partido Comunista había iniciado una fuerte transformación ideológica desde comienzos de los años sesenta, que se expresó en la renuncia a las tradiciones bolcheviques y en la búsqueda de reconocimiento como interlocutor político ante el Estado. Tal postura le valió fuertes críticas de intelectuales y de diversos sectores de la izquierda, especialmente por su papel en el movimiento estudiantil de 1968. En esencia, la crítica señalaba que el PCM pugnó por la desmovilización y pretendió la hegemonía política en el campo de la izquierda.  La radicalización de muchos jóvenes se manifestó en la creación de guerrillas y en la búsqueda de otras opciones, como el maoísmo. Al comenzar los setenta, el PCM se encontraba debilitado políticamente e ideológicamente y ya no constituía una opción para las nuevas generaciones.

Los cambios ideológicos del comunismo mexicano se realizaron en diversos congresos del partido y se manifestaron en la eliminación de aquellos aspectos del programa que sonaban radicales, especialmente el concepto de revolución y la consigna de la dictadura del proletariado, sustituida por la de “poder obrero democrático”, así como del legado estalinista y leninista. En segundo lugar, privilegió a los sectores medios, por lo que el partido se desligó de los campesinos, los obreros y las organizaciones de masas. En tercer lugar, favoreció la alianza política con los disidentes del PRI, los diálogos secretos con el gobierno y la búsqueda de reconocimiento por parte de Los Pinos. En cuarto lugar, definió la democracia parlamentaria como el campo de acción de los comunistas y, por ello, se buscó participar en las elecciones.  Finalmente, estableció que la consigna principal era la ampliación de la democracia, especialmente a partir del movimiento estudiantil de 1968.

Es necesario resaltar que los cambios comenzaron a formularse tímidamente a partir del XIII Congreso del PCM (del 27 al 31 de mayo de 1960), y que igualmente se comenzaron a aplicar las conclusiones del XX Congreso del PCUS. Aun en el XIV Congreso se afirmaba que el partido era la expresión de vanguardia del proletariado y que se guiaba por el marxismo-leninismo, y que en el XVI Congreso (octubre de 1973) se consideraba la apertura democrática de Luis Echeverría una maniobra y, por lo tanto, no debería haber ningún tipo de ilusión. A pesar de ello, se caracterizó la revolución que México requería como una revolución democrática y socialista, es decir, una “revolución que resuelve tareas democráticas orientadas hacia el socialismo en su primera fase, que forma parte del ciclo de la revolución socialista y que abre paso para nuestro país a la perspectiva de una sociedad sin explotados ni explotadores”. El XVII Congreso (1975) consideró la existencia de un sector del PRI que se inclinaba por las reformas democráticas, pero que había sido derrotado por el sector de Echeverría y, por ello, la “apertura” era limitada. Llamó a centrar los esfuerzos en la lucha por el reconocimiento de los derechos electorales del partido y en el respaldo a la candidatura presidencial de su dirigente Valentín Campa. Durante el XVIII Congreso (1977), la lucha por una alternativa democrática se convierte en el aspecto central de las intervenciones y de las conclusiones. El XIX Congreso (marzo de 1981) exaltó la bondad de los logros de la reforma política (liberación de presos, legalización del PCM y del Partido Socialista de los Trabajadores), planteó una fuerte lucha entre sectores al interior del partido, y, finalmente, abrió las puertas a la fusión en el PSUM, la cual se consumaría en el XX Congreso en agosto de 1981. 

Junto a estos cambios, el Partido Comunista finalmente adoptó como propias la denominada “apertura democrática”, impulsada por Luis Echeverría, y la reforma de 1977.  El gobierno de Echeverría, luego de las movilizaciones de 1968 y el escándalo que supuso la amplia represión durante las protestas estudiantiles, inició un proceso de reformas limitadas encaminadas a reconstituir el poder del aparato estatal; para ello, liberó a algunos presos políticos y creó vías para una mayor representación política. Aunque la represión continuó, los comunistas vieron la oportunidad de aparecer como los interlocutores oficiales de la izquierda y del gobierno y, por ello, respaldaron no solo las reformas, sino que también se prepararon para la disolución del partido, la cual efectivamente se consumó con la incorporación al PSUM el 7 de noviembre de 1981; caracterizó las transformaciones que se sucedían en Polonia como un “movimiento por la democratización del régimen político”.

Para la izquierda emergente de este proceso de fusión de organizaciones, la tarea principal se sintetizaba en dos propósitos: fortalecer las bases sociales del Estado y asegurar una mayor representación al pueblo trabajador. A partir de lo cual era posible una reestructuración del capitalismo mediante la lucha por la aplicación de la Constitución y la ampliación de la democracia política y social. En el discurso, este modelo se conoció como un proyecto de “desarrollo nacionalista” y era el resultado de combinar una propuesta keynesiana, de fuerte intervención estatal, con una retórica populista en la que la invocación del “pueblo” se repetía hasta el cansancio. El modelo se emplea hasta el día de hoy, aunque adopta la forma más latinoamericana de la consigna de lo “nacional popular”.

 

Comentario Final

Los años sesenta y setenta representan un periodo de transformación radical del PCM que culminará con la disolución del partido y el surgimiento del PSUM en 1981. Este proceso solo puede entenderse a partir de la conjunción de profundos cambios ideológicos en el comunismo mexicano y de la adopción de tesis eurocomunistas. La transformación ideológica se expresó en un lento abandono del bolchevismo y en la instauración de la lucha parlamentaria como línea política oficial del partido. Esta última medida fue el eco de las conclusiones del XX Congreso del PCUS y, muy especialmente, de las transformaciones ideológicas de los partidos comunistas de España, Francia e Italia, que establecieron el abandono de la vía revolucionaria y la consideración de que era posible hacer democrático el capitalismo mediante reformas lentas y graduales.

Un aspecto central de la adopción del eurocomunismo por parte del PCM es que se establece la transición a la democracia como guía de acción. En efecto, el debate académico y político a mediados de los setenta giró en torno a las reformas democráticas y al pleno reconocimiento de los derechos electorales del partido.  Se consideraron posibles las transformaciones del capitalismo con la introducción de cambios impulsados desde el parlamento y gracias a alianzas con sectores disidentes del PRI. En este sentido, la disolución del PCM es la materialización de la nueva concepción política, y el bolchevismo se considera un lastre que debe abandonarse. En adelante, el proyecto socialista de corte marxista queda limitado a unos pequeños grupos sin presencia nacional.

 

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Ilustración conceptual de una reunión de militantes e intelectuales de izquierda en la Ciudad de México durante la década de 1970, representando el debate ideológico y la transición del Partido Comunista Mexicano hacia el eurocomunismo.

Ilustración conceptual de los espacios de discusión en México a finales del siglo XX. Imagen creada con inteligencia artificial mediante OpenAI (ChatGPT + DALL·E) para Revista Criba. Historia y Cultura (2026). Uso exclusivamente ilustrativo.

* Miguel Ángel Urrego: Doctor en Historia por el Colegio de México y la Universidad de Puerto Rico. Profesor e investigador por el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo; miembro del Sistema Nacional de Investigadores (Nivel II); especialista en historia política y cultural de América Latina. Sus libros más recientes son: Extrema derecha, populismo y fascismo en América Latina (2023) y Marx, el marxismo y los decoloniales. Tergiversaciones, olvidos, reacomodos (2021).

Contacto: miguel.urrego@umich.mx

La adopción del eurocomunismo y el fin de la izquierda socialista en México

Resumen: En 1956 se celebró el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), cuyas conclusiones marcaron un cambio ideológico, reflejado en el abandono del bolcheviquismo por parte de los comunistas europeos, los cuales comenzaron a privilegiar la renuncia al proyecto revolucionario para proponer vías de transición pacífica. Durante los años sesenta y setenta, esta reorganización fue asumida por los comunistas de España, Francia e Italia, y adquirió mayor relevancia en el contexto de las transiciones democráticas de Portugal y España. En México, a lo largo de los congresos celebrados durante las décadas de 1960 y 1970, el Partido Comunista Mexicano (PCM), inició la incorporación de postulados del eurocomunismo. Ello implicó la modificación de su programa político mediante la eliminación de planteamientos considerados radicales, el distanciamiento del legado estalinista y leninista, el privilegiar a los sectores medios, la búsqueda de alianzas con disidentes del PRI y la aceptación de la democracia parlamentaria como principal campo de acción comunista. Estas estrategias condujeron a una progresiva pérdida de la identidad organizativa del partido y culminaron con su disolución en 1981.

Palabras clave: Eurocomunismo/ Comunismo mexicano/ PCM / izquierda mexicana

The adoption of eurocommunism and the demise of the socialist left in Mexico

Abstract: In 1956, the XX Congress of the Communist Party of the Soviet Unios (CPSU) took place, its resolutions marked an ideological turning, reflected in the abandonment of bolshevism by european communist, who increasingly renounced the revolutionary project in favor of advocating peaceful paths of transition. During the sixties and the seventies, this ideological reorientation was embraced by the communist of Spain, France and Italy, gaining further significance in the context of the democratic transitions in Portugal and Spain. In Mexico, throughout the congresses held during the 1960s and 1970s, The Mexican Communist Party (MCP), began to to incorporate the principles of eurocommunism. This process entailed revising its political program by eliminating position consideres radical, distancing itself from the stalinist and leninist legacy, prioritizig the middle sector, seeking alliances with dissident groups from the PRI and embracing parliamentary democracy as the principal arena of communist political action. These strategies led to gradual loss of tge party’s organizational identity and culminated in its dissolution in 1981. 

 Keywords: Eurocommunism/ Mexican communism/ PCM / mexican left

Cómo citar este artículo: Urrego, Miguel Ángel. “La adopción del eurocomunismo y el fin de la izquierda socialista en México.” Criba. Historia y Cultura, no. 13, jul-sept. 2026, pp. 31-42.

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