12 de febrero de 2026

Una interpretación del ciervo en la poesía de Rosario Castellanos.

Una interpretación del ciervo en la poesía de Rosario Castellanos.

Por Xochiquetzalli Cruz Martínez*

En définitive, ce qui intéresse la littérature […]dans

 l ́animal, c ́est ce qui touche à l ́homme

Michel Zin

 

Introducción

 Rosario Castellanos se consolida como una escritora excepcional en el ámbito de las letras mexicanas. Su obra abarca: poesía, ensayo, teatro, etc., y es conocido también su amplió bagaje cultural y literario dado que, recordemos, estudió filosofía (Licenciatura y Maestría); obtuvo un posgrado en España. En este sentido, no es extraño que conociera ampliamente la filosofía e historia judeo-cristiana. Es así como en este ensayo pondremos atención en su poesía en los poemarios: “Trayectoria del polvo” (1948), “La vigilia estéril” (1950) y “Lívida luz” (1960). Dado que en sus poemas ´Apuntes para una declaración de fe´, ´En el filo del gozo´ y ´Destino´ contienen en sus versos un símbolo animal muy revelador: el ciervo. El cual, abreva de la simbología cristiana y griega para consolidarse como metáfora de iniciación del yo lírico. Es por ello, por lo que el objetivo de este artículo será demostrar, a través de los cuatro niveles de interpretación, cómo Castellanos teje un sutil, aunque potente, corolario de significaciones en dichos poemas.

 

  1. Las obras

 1.1.El poemario “Trayectoria del polvo” (1948) es la obra con la que debuta Rosario Castellanos y fue editado por Costa-Amic en Puebla. El cuál, a decir de ella, es producto de su deficiente formación literaria, sin embargo, en el mismo año “1948 encontré un libro revelador: la antología de Laurel. Allí leí Muerte sin fin, que me produjo una conmoción de la que no me he repuesto nunca. Bajo su estímulo inmediato, aunque como influjo no se note, escribí en una semana Trayectoria del polvo. Es una especie de resumen de mis conocimientos sobre la vida, sobre mí misma y sobre los demás”(Castellanos en Emanuel Carballo, 1966).

Es por esta razón que en el poema “Apuntes para la declaración de fe”, conformado por 262 versos, la voz lírica rememora, primero, la creación del mundo en donde la mano de Dios se mecía libre y perfecta, pero cuando aparece “la gran tentadora”, la serpiente todo se defenestra y la soledad, el tedio, la ambición además de la iniquidad se apoderan de la humanidad y, por ello, lo positivo que, pudo encarnarse en ella, desaparece en la modernidad, la tecnología y en la fatuidad de la existencia capitalista.

1.2. En lo que concierne a La vigilia estéril (1950), ésta vio la luz bajo el sello Ediciones América y de él Castellanos apunta:

 “Allí se nota cierta tendencia a la abstracción, tendencia, que también es evidente en el libro anterior. No me parecía válida la abstracción por lo menos no deseaba escribir poemas intelectuales. Quería crear poemas si no emotivos por lo menos con imágenes referidas a cosas concretas.[…] La vigilia exuda retórica, según se llegó a decir. Y es que, por esos años, poseía una facilidad siniestra para alargar los poemas, y me dejaba llevar por ella: una imagen me conducía a otra, un adjetivo traía consigo otro adjetivo. Y así hasta el infinito” (Castellanos en Carballo, 1966).

 En este tenor, ´En el filo del gozo´, el yo lírico evidencia la consumación carnal entre los amantes y para ello utiliza, por ejemplo, metáforas animales “Mi sangre se enardece igual que una jauría/ olfateando la presa y el estrago. / Pero bajo tu voz mi corazón se rinde/ en palomas devotas y sumisas.” (39) como geográficas “Entre la muerte y yo he erigido mi cuerpo/ que estrelle en ti sus olas funestas sin tocarme y resbale en ti en espuma desecha y humillada” (39) o. Así tanto las figuras retóricas como la prosopopeya, la metáfora o el símil enraízan los versos de la autora en lo mundano, pero también en lo etéreo, inasible.

1.3. Para finalizar, Lívida luz se publica en 1960, a cargo de la Universidad Nacional Autónoma de México. En la dedicatoria “a la memoria de mi hija”[1], la autora de Mujer que sabe latín deja de lado la contemplación estética y busca ver al mundo como un lugar en pugna en el que hay que comprometerse como individuos (127 en Carballo 1966). Dado que, recordemos al lector, que por esos años trabaja en el Instituto Nacional Indigenista en promoción cultural y elaboración de textos escolares específicamente dirigió el “Teatro Guiñol” dedicado a las comunidades indígenas. De acuerdo con esta experiencia le comenta a Emanuel Carballo: “Ahí se reflejan las experiencias que obtuve en Chiapas […] en esos lugares la lucha llegado extremos desgarradores de brutalidad. Asimismo, aparecen lecturas sobre los temas sociales y políticos que, por entonces, comenzaron a interesarme de manera muy particular, todo ello está implícito en lo poemas” (en Carballo 127). Dicha materialidad podemos palparla en “Destino”, ya que, en particular, en estas estrofas: la crueldad, el desgarro, la asfixia, el dolor: la corporeidad se toca, se respira, se escucha.

 

  1. El ciervo.

 2.1.Dilucidados algunos datos sobre estos poemas, nos falta mencionar que hay uno en particular que nos interesa: los tres mencionan a la figura zoológica del ciervo para afianzar su semántica. Es por ello por lo que, en este apartado, indagaremos el posible o posibles significados de esta bestia con base en la metodología de los cuatro niveles de interpretación literaria. Cabe anotar que estos tienen antecedentes clásicos y patrísticos.  Empero, para este artículo me centro en estos últimos y su uso en el cristianismo dado que, considero, Castellanos abreva de esta vena para construir los poemas. La aplicación de estos niveles tiene su inicio en la hermenéutica judeo-cristiana, es decir, la exégesis o interpretación de la Biblia, con el fin de hacer accesible el dogma a los feligreses. El tema de los cuatro niveles de interpretación ya había sido comentado por san Jerónimo, en la traducción de la Biblia conocida como la Vulgata (382 d. C.); y san Gregorio, en la “Homilía sobre las horas”.  Sin embargo, el primero en ahondar sobre el tema fue san Agustín, quien, en su Doctrina Cristiana, asienta las bases de este cuarteto interpretativo con respecto al receptor. En este sentido Voss señala: “Augustine stresses at the outset that the intuition of deeper meaning in a text stimulates the student’s own de sire to learn, and that the penetration of this meaning is apleasurable activity in that it leads towards the ultimate joy of union with God (“From Allegory to Anagoge”: 1).[2] Ya para el siglo XI, un monje benedictino llamado Guiberto compone un pequeño tratado titulado: Liber quo ordine sermmo fieri de beat, donde realiza una interpretación moral sobre el Génesis; en él ejemplifica puntualmente, con extractos de la Biblia, los diferentes niveles de interpretación aplicados, por ejemplo, a la ciudad Santa:

 Hay cuatro maneras de interpretar las Escrituras; sobre ellas, como si fueran rollos múltiples, gira cada página sagrada. La primera es la historia, que habla de los sucesos reales como han ocurrido; la segunda es la alegoría, donde una cosa representa otra distinta; la tercera es la tropológica o edificación moral, que trata del ordenamiento y de la disposición de la vida de cada uno, y la última es la anagoge o iluminación espiritual, por la cual nosotros, que estamos en condiciones de tratar asuntos celestiales y sublimes, somos llevados a un modo superior de vida. Por ejemplo, la palabra “Jerusalén”: históricamente representa una ciudad determinada; en la alegoría representa a la santa Iglesia; tropológica o moralmente es el alma de todo hombre de fe que anhela la visión de la paz eterna; y anagógicamente se refiere a la vida de los ciudadanos celestiales que ya contemplan al Dios de los dioses, revelado en toda su gloria de Sión” (Guiberto en Murphy, 308).[3]

 Este tratado, aunque corto, es el primero que define los cuatro niveles de interpretación bíblica en Occidente. Posteriormente, santo Tomás de Aquino escribiría a este respecto en la Summa Teológica (escrita entre 1261-1264).[4]

Santo Tomás dice que existen tres razones por las que debe hacerse de esta manera; la primera, para que lo simbólico no sea tomado como propiedad de la divinidad, para que no se concatene lo simbólico sólo con los cuerpos bellos [refiriéndose a las imágenes sensibles], sino  también  con  los cuerpos miserables; segunda, porque al estar encubierto lo simbólico, bajo ropajes humildes y con cosas inferiores a Dios, se puede encontrar su grandeza en lo ínfimo; finalmente ,la tercera, porque así lo simbólico queda encubierto  a los ojos de gente inadecuada. En consecuencia, Aquino dota al conocimiento simbólico elevado de un rasgo común y más simple con el fin de hacer digerible la Sagrada Escritura y ayudar al feligrés en su camino al Paraíso. Para el siglo XIV, Dante Alighieri en el Convivio definiría los cuatro niveles de la siguiente manera:

Los escritos se deben entender y se deben exponer principalmente en cuatro sentidos. Llámese el primero literal, [y éste es aquel] que no avanza más allá de la letra de las palabras convencionales, como sucede en las fábulas de los poetas. El segundo se llama alegórico, y éste es el que se esconde bajo el manto de esas fábulas, y consiste en una verdad oculta bajo un bello engaño[…] El tercer sentido se llama moral, y éste es el que los lectores deben atentamente descubrir en los escritos para utilidad suya y de sus discípulos[…] El cuarto sentido se llama anagógico, es decir sentido superior, y se tiene cuando se expone espiritualmente un escrito ( 123-124).

Después de hacer este somero recorrido por la historia de los niveles de interpretación, podemos aplicarlos al análisis de los tres poemas. En “Apuntes para una declaración de fe” Rosario Castellanos realiza una cosmogonía del mundo trasponiendo, por lo menos al principio, la visión cristiana retomada en el Génesis: “En un día de amor yo bajé hasta la tierra:/ vibraba como un pájaro crucificado en vuelo/ y olía a hierba húmeda, a cabellera suelta,/ a cuerpo traspasado de sol al medio día” (29); continúa con una prosopopeya de la voz poética como territorio: “A través de mi piel corrían las edades;/ se hacía la luz, se desgarraba el cielo/ y se extasiaba  ̶ eterno̶̶ frente al mar”(29) y, posteriormente, la población de la tierra por los animales y los humanos en aquel mundo primordial: “Cada especie quería constatarse, saberse/ y ensayaba las notas de su esencia:/ la jirafa alargaba la garganta para abrevar en nubes de limón./ Punzaba el aire en las avispas múltiples/ y vertían chorritos de miel en cada herida”(30) y es en la siguiente estrofa que el venado aparece: “El ciervo competía con la brisa/ y el hombre daba vueltas alrededor de un árbol/ trenzado de manzanas y serpientes” (30).[5] En un sentido literal el verso en negritas menciona las características biológicas del animal: correr briosamente en descampado portando su impresionante cornamenta. Por otro lado, la alegoría encubierta podría concatenarse con la significación originaria y pura del astado dado que el Salmo (42:1-2), nos menciona:

 

1.Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas,

Así clama por ti, oh, Dios, el alma mía.

2.Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo;

¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?[6]

 

Es decir, partiendo de esta cita bíblica el ciervo es uno de los animales cristológicos por excelencia, así lo señalan varios bestiarios; pongamos por caso el Bestiario rimado de Gervaise: “El ciervo representa al hombre que hace penitencia. Cuando el hombre se siente en pecado y presa del diablo, debe quitárselo de encima mediante el ayuno y la vigilia. Debe acudir a la Santa Iglesia y arrancar su pecado” (en Malaxecheverría, 45). Además, este sentido también es alimentado por las hagiografías:

La leyenda de San Eustaquio nos cuenta que, siendo aún pagano, en una cacería encontró al ciervo más grande y hermoso, el cual se dirigió al cazador y le demostró que era Cristo convertido en un ciervo para atraerlo. Eustaquio quiso comprobar que realmente se trataba de Cristo, a lo que éste le respondió: «Yo soy Cristo. Yo soy quien hizo el cielo y la tierra, el sol, la luna y las estaciones. Yo saqué al hombre del barro terrenal, y más tarde, para salvarlo de sus iniquidades, me encarné como hombre y morí en la cruz; y luego, al cabo de tres días pasados a la sombra del sepulcro, recobré vida para siempre. Y ahora te espero, ven a mí, soy Cristo.» (Charbonneau-Lassay 1997: 249).

 En cuanto a la enseñanza, en este caso seglar, la autora nos sugiere que por la falta de prudencia y humildad este paraíso (donde todo era funcional y perfecto), se pierde es por ello que no es una coincidencia que el ciervo en estos versos haga mancuerna con su antónimo: la serpiente. Finalmente, el nivel tropológico se manifiesta en cómo la voz interna y creadora del poema (“cuál pequeña [Diosa]”, diría Huidobro), destroza todo beneficio para el género humano: condenándolo a vivir en la futilidad, la mecanización y la falta de sentido:

Aquí estaríamos todos:

la horda devastando la pradera,

dejando siempre a un lado el horizonte,

tratando de tachar la mañana remota,

de arrasar con la sal de nuestras lágrimas

el campo en que se alzaba el Paraíso. (31).

2.2. Con respecto a “En el filo del gozo” la autora de Tablero de damas da un giro a la figura del venado, dado que continua con la imagen del ciervo sediento en busca de agua, no obstante, ahora el cariz es erótico. El poema describe la relación amorosa entre dos personas, la cual se debate entre los extremos: la tranquilidad y la necesidad; el delirio y sensatez; entre la concupiscencia y lo sublime (literal). La alegoría de tener al ser amado, pero intermitente: inalcanzable, la lección es no dejarse llevar y mantenerse ecuánime; por el contrario, el deseo triunfa y entonces la poetisa escribe: “Cuando partes, arrasas jardines y transformas/ la feliz somnolencia de la tórtola/ en una fiera expectación de galgos. Y, amor, cuando regresas/ el ánimo turbado te presiente/ como los ciervos jóvenes la vecindad del agua” (40). Estrofas que nos recuerdan al Cantar de los Cantares (2:7-9):

  1. Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén,

por los corzos y por las ciervas del campo,

que no despertéis ni hagáis velar al amor,

hasta que quiera.

  1. ¡La voz de mi amado! He aquí él viene

saltando sobre los montes,

brincando sobre los collados.

9.Mi amado es semejante al corzo,

o al cervatillo. Helo aquí, está tras nuestra pared,

mirando por las ventanas,

atisbando por las celosías.[7]

Aquí nos muestra el yo lírico que el acto sexual no es amor, sino deseo, por tanto, la enseñanza es que no se puede alcanzar, ni satisfacer. En otras palabras, el deseo amoroso no admite templanza ni sosiego, sino la consumación, esa tensión entre el deseo y la inapetencia, que sostiene el instante eterno (tropológico).

Finalmente, en “Destino”, la poetisa retoma la imagen de la caza del corzo (sentido literal). Pero este acto descubre otra cosa, ya que ésta tiene antecedentes muy antiguos como en el capítulo 597 del Dotzé del Cristià de Francesc Eiximenis; obra que ilustra como el buen gobernante debe tener una naturaleza piadosa con sus súbditos como el ciervo, igual que éste se acerca a sus cazadores lastimado y humilde (enseñanza):  “E açò coneix lo servo per-natura, qui cant veu que no pot escapar als cans qui·l cacen, fug e posa’s en mas del caçador, quaix qui diu: tu qui est animal benigne e piadós pernatura, defèn-me d’aquest cans qui tan cruelment me persegueixen” (Eiximenis, 1986, I: 299).

Es decir, el amante cae vencido ante la decepción, se amanza ante la pérdida y se sabe indefenso como el ciervo ante los cazadores (alegoría). Así, Castellanos utiliza un contra ejemplo, para acrecentar el dolor y la derrota ¿tal vez del amante frente al amado? (tropológico): “El hombre es un animal de soledades,/ ciervo con una flecha en el ijar/que huye y se desgrana./ Ah, pero el odio, su fijeza insomne/ de pupilas de vidrio; su actitud/que es a la vez reposo y amenaza./ El ciervo va a beber y en el agua aparece/el reflejo de un tigre./ El ciervo bebe el agua y la imagen. Se vuelve ̶antes de que lo devoren̶ (cómplice, fascinado) / igual a su enemigo.” (131).[8]

Es así como comprobamos que Castellanos es poseedora de un gran bagaje cultural en la tradición judeo-cristiana y en sus poemas ´Apuntes para una declaración de fe´, ´En el filo del gozo´ y ´Destino´ contienen en sus versos un símbolo animal muy revelador: el ciervo. El cual, abreva de la simbología cristiana y griega para consolidarse como metáfora de iniciación del yo lírico, de libertad, de perdición, de insatisfacción y todo lo anterior a través el ciervo porque éste: “ha sido siempre el primer elemento de conocimiento para el hombre y arquitrabe o modelo de los diferentes instrumentos para conocer la realidad”(Tonutti 15).

Bibliografía consultada

Alighieri, Dante. Obras completas. Tomo III. Barcelona: Aguilar, 2006.

Biblia (edición Reina-Valera), 1960 en línea: https://www.biblia.es/reina-valera-1960.php (consultada el 12 de septiembre).

Castellanos, Rosario. Obras completas. Notas de Eduardo Mejía. México: FCE, 1998.

Carballo, Emanuel. XIX protagonistas de la literatura mexicana. México: Empresas Editoriales, 1966.

Charbonneau-Lassay, Louis. El Bestiario de Cristo. El simbolismo animal en la Antigüedad y la Edad Media. Palma de Mallorca: Olañeta Editor, 1997.

Eiximenis, Francesc. Dotzè del Crestià, en Curt. J. Witllin et al. (eds.). Girona: Universitat de Girona: 1986.

Malaxecheverría, Ignacio. El bestiario medieval. Siruela: Madrid: 1995.

Murphy, James. La retórica en la Edad Media. Historia de la teoría de la retórica desde san Agustín hasta el Renacimiento. México: FCE, 1986.

Tonutti, Sabrina y Roberto Marchesini. Animales mágicos. Símbolos, tradiciones e interpretaciones. Barcelona: Vecchi, 2002.

 

 

[1] Esta pérdida matiza, a lo largo del poemario, la necesidad de expiar el dolor, la culpa, por tanto, vivir en el hoy, en lo físico.

[2]“Agustín enfatiza desde el principio que la intuición de un significado más profundo en un texto estimula el propio deseo del estudiante de aprender, y que la penetración de este significado es una actividad placentera en el sentido de que conduce hacia el gozo supremo de la unión con Dios”. (“From Allegory to Anagoge”: 1). La traducción es mía.

[3] Las negritas son mías.

[4] La luz de la revelación divina no desaparece por las figuras   sensibles con las que se rodea, […] sino que las eleva para entender lo que es posible ser comprendido.  De este modo, aquellos a quienes se les revela algo, pueden enseñarlo también a otros.  Por eso, lo que en algún lugar de la Escritura se transmite simbólicamente, en otros se hace explícita mente.  La misma sombra en que aparece la revelación por las imágenes es útil tanto para que los estudiosos investiguen más como para que queden sin sentido las risas de los incrédulos, de quienes dice Mt 7,6: No déis lo santo a los perros. (Parte 1ª, Cuestión 1, objeción 2, Summa Teológica, 9).

[5] Las negritas son mías.

[6] Las negritas son mías.

 [7] Las negritas son mías

[8] Las negritas son mías.

Xochiquetzalli Cruz Martínez: Investigadora y académica mexicana. Maestra en Letras Españolas por la Universidad Nacional Autónoma de México. Doctoranda en Humanidades por la Universidad Autónoma Metropolitana campus Iztapalapa UAMI. Especialista en las colecciones de exempla españolas de los siglos xii al xv. Desde hace 15 años se dedica al estudio del simbolismo animal desde la perspectiva de la escuela francesa de Los Annales y los cuatro niveles de interpretación literaria (literal, simbólico/alegórico, moral y anagógico).

Trabajó en el rescate documental de biografías de monjas del siglo xviii. Ha participado en diferentes congresos nacionales e internacionales (en Cuba, Estados Unidos, Suiza, Argentina, España y Canadá) que versan sobre literatura, crítica y antropología entre otros.

Es coorganizadora del “Congreso Internacional De animalibus: La presencia zoológica en la literatura”.

Correo electronico: xochiquetzalli.cruz.martinez@gmail.com

Una interpretación del ciervo en la poesía de Rosario Castellanos

Resumen: Es indudable la importancia de la obra copiosa e interesante de Rosario Castellanos en las letras internacionales y mexicanas en particular. Es así como en este ensayo pondremos atención en su poesía en los poemarios: “Trayectoria del polvo” (1948), “La vigilia estéril” (1950) y “Lívida luz” (1960). Dado que en sus poemas ´Apuntes para una declaración de fe´, ´En el filo del gozo´ y ´Destino´ contienen en sus versos un símbolo animal muy revelador: el ciervo. El cual, abreva de la simbología cristiana y griega para consolidarse como metáfora de iniciación del yo lírico. Es por ello, por lo que el objetivo de este artículo será demostrar, a través de los cuatro niveles de interpretación, cómo Castellanos teje un sutil, aunque potente, corolario de significaciones, que afianza su propuesta como madura y fundamental para el estudio del simbolismo animal en México.

Palabras clave: poesía, Rosario Castellanos, ciervo.

An Interpretation of the Deer in the Poetry of Rosario Castellanos

Abstract: The significance of Rosario Castellanos’ extensive and engaging work in international and, in particular, Mexican literature is undeniable. In this essay, we will focus on her poetry in the collections: “Trayectoria del polvo” (1948), “La vigilia estéril” (1950), and “Lívida luz” (1960). In her poems ‘Apuntes para una declaración de fe,’ ‘En el filo del gozo,’ and ‘Destino,’ there is a highly revealing animal symbol in her verses: the deer. This symbol draws from Christian and Greek symbolism to establish itself as a metaphor for the initiation of the lyrical self. Therefore, the objective of this article is to demonstrate, through the four levels of interpretation, how Castellanos weaves a subtle yet powerful corollary of meanings, which consolidates her proposal as mature and essential for the study of animal symbolism in Mexico.

Keywords: poetry, Rosario Castellanos, deer

Cómo citar este artículo: Cruz, Xochiquetzalli. Una interpretación del ciervo en la poesía de Rosario Castellanos. Criba. Historia y Cultura. no. 11, ene.–mar. 2026, pp. 70- 79.

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