Criba. Historia y Cultura
Número 13. México durante la segunda mitad del siglo XXJulio – Septiembre 2026
Presentación
Durante las décadas de los años sesenta y setenta se gestó una profunda crisis en la esfera de la cultura y del sistema político de México. Como advirtió Pablo González Casanova[1], el sistema político en México obtuvo una notable estabilidad fundada en un conjunto de alianzas y coaliciones sociales muy amplias legitimadas por el nacionalismo revolucionario. Ungido como heredero de la lucha agraria y social de la Revolución Mexicana, se conformó un Estado fuerte, presidencialista y centralizado. Principal impulsor del desarrollo económico, preponderante en las inversiones productivas y dueño de los recursos energéticos ese sistema político cohesionó a grandes grupos sociales que en distintos momentos incorporaron a militares, obreros, campesinos, clases medias y grupos populares mediante organizaciones corporativas. En esos años, la población pasó de 48.2 millones de habitantes en 1970 a 97.5 millones al finalizar el siglo XX y la población urbana creció rápidamente.[2] Las clases medias crecieron en el contexto de los llamados “desarrollo estabilizador” y el “Milagro Mexicano” con baja inflación y un crecimiento económico superior al 6%, a pesar de lo cual se mantuvo una profunda desigualdad económica y se acentuó la distancia entre el desarrollo urbano y el rural. El país, paulatinamente, dejó de ser eminentemente rural y se reforzó la presencia de los sectores vinculados al desarrollo industrial y, progresivamente, se fortalecieron los beneficiarios del capital financiero asociado con el sector público.
A partir de los años cincuenta las antiguas alianzas y coaliciones mostraron fracturas importantes. En un breve recuento surgieron movimientos estudiantiles en la Ciudad de México: 1956: inició una huelga en el Instituto Politécnico Nacional (IPN) contra la Ley Orgánica.[3] El gobierno ordenó la toma de las instalaciones; 1958 Movimiento camionero-estudiantil por el alza de tarifas de transporte en la CDMX, estudiantes del Instituto Politécnico Nacional y la Universidad Autónoma de México, vinculados con grupos de ferrocarrileros y telegrafistas, secuestraron camiones y los incendiaron. Fueron objeto de una fuerte represión. Entre los movimientos más importantes, se encuentra el gestado en 1954 en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo con el rector Elí de Gortari. Piden universidad popular y apoyo a campesinos. Acusados de comunistas, el ejército ocupó la Universidad.[4] En Puebla, en los años entre 1956 y 1961 se enfrentaron estudiantes que defendían una universidad laica y popular contra los agrupados en el Frente Universitario Anticomunista (FUA) lo que generó numerosas víctimas.[5] Con una importante influencia en la sociedad surgió también un amplio movimiento magisterial que se manifestó en los años comprendidos entre 1956 y 1960. Encabezado por Othon Salazar el Movimiento Revolucionario del Magisterio (MRM) demandó mejores condiciones laborales y rechazó el control estatal de las organizaciones sindicales. Luego de numerosas movilizaciones de sus partidarios, el 12 de abril de 1958 el movimiento fue reprimido y el 30 de abril de ese año, las fuerzas gubernamentales ocuparon las oficinas de la Secretaría de Educación Pública (SEP).[6]
El Estado en México no permitía disidencias. Precisamente, entre tales disidencias se presentaron los movimientos obreros más importantes de aquellos años que se plantearon en los ámbitos vertebrales del desarrollo económico del país. En 1949, durante un paro de labores, el sindicato petrolero fue reprimido por el ejército y varios de sus líderes fueron encarcelados por órdenes directas del presidente. El movimiento ferrocarrilero se desarrolló principalmente entre 1958 y 1959, durante los gobiernos de Adolfo Ruiz Cortines y Adolfo López Mateos. Encabezados por Demetrio Vallejo y Valentín Campa los ferrocarrileros exigieron aumentos salariales y rechazaron el control corporativo de los sindicatos. Enarbolaron demandas que luego abrazarían numerosas agrupaciones sindicales: democracia sindical, libre elección de sus representantes y la defensa del contrato colectivo. Impulsaron un fuerte y creativo movimiento social que fue reprimido, sus dirigentes encarcelados, sufrieron despidos masivos y la ocupación gubernamental de las instalaciones sindicales. Otro tanto ocurrió en el caso del Sindicato Industrial de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Similares de la República Mexicana (SITMMSRM), que el gobierno se empeñó en subordinarlo por medio de delegados y dirigentes afines; la intervención fue más compleja debido a la autonomía, las dimensiones y la diversidad regional del sindicato minero. Un episodio dramático de esa lucha ocurrió en 1950 durante el gobierno de Miguel Alemán. En ese año los mineros de las secciones 14 de Nueva Rosita y 28 de Palau exigieron la revisión de su contrato colectivo; sin embargo, las autoridades condicionaron las negociaciones al reconocimiento del líder impuesto por el gobierno. Ante la negativa de los trabajadores estalló la huelga, que en Nueva Rosita se prolongó del 16 de octubre de 1950 al 20 de enero de 1951. Frente al deterioro de sus condiciones de vida, aproximadamente cinco mil personas, entre trabajadores y sus familias, emprendieron la denominada “Caravana del Hambre” hacia la Ciudad de México, recorriendo más de 1,400 kilómetros durante cincuenta días con la esperanza de ser recibidos por el presidente. No obstante, Miguel Alemán se negó a dialogar con los huelguistas, argumentando que el conflicto era un asunto “ya resuelto”. Tras ser desalojados del Zócalo y confinados en el Deportivo 18 de Marzo, los manifestantes regresaron derrotados a Coahuila: algunos lograron reincorporarse a sus empleos bajo el estigma de haber participado en la huelga, otros emigraron en busca de trabajo y varios más terminaron en condiciones de extrema pobreza. La derrota de este movimiento marcó el fin de la autonomía del SITMMSRM y consolidó el proceso de subordinación del sindicalismo minero al Estado mexicano y a la sujeción del movimiento obrero en general a la corrupta y antidemocrática dirigencia corporativa.[7]
La actitud autoritaria del Estado debilitó las antiguas alianzas y coaliciones identificadas por González Casanova. En los años sesenta y setenta, el nacionalismo revolucionario se debilitó como factor de cohesión, el mito del Estado heredero de la revolución mexicana perdió fuerza y el Milagro mexicano en el ámbito económico encontró numerosos obstáculos. Los movimientos sociales entonces se radicalizaron y los movimientos estudiantiles enarbolaron demandas que aunque inicialmente plantearon demandas limitadas al ámbito local, sus objetivos se ampliaron y exigieron autonomía universitaria, libertad de presos políticos y democratización del sistema político; como otros sectores sociales se orientaron a un enfrentamiento con el Estado. En el mundo del trabajo se amplió la crítica a las grandes organizaciones corporativas, principalmente las reunidas en torno a la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y se produjeron numerosos intentos para formar nuevas organizaciones sindicales que desplegaron las banderas de libertad y autonomía sindical. En un ambiente de radicalización creciente el movimiento campesino protagonizó numerosas luchas que como en el caso de los movimientos estudiantiles y obreros fueron fuertemente reprimidas y se conformaron organizaciones guerrilleras de orígen urbano o campesino. Pese a los esfuerzos estatales por recuperar la cohesión de los grupos sociales en torno a los proyectos oficiales paulatinamente se profundizó la crisis del sistema político de México durante la segunda mitad del siglo XX. Los textos de la presente entrega de Criba. Historia y cultura registran la gestación de esa crisis.
En “México, país petrolero, 1973-2006. De la soberanía a la crisis permanente”, Rodolfo Uribe analiza las condiciones bajo las cuáles México desarrolló una economía dependiente del petróleo, las presiones de EEUU y sus consecuencias, entre ellas la pérdida de la soberanía alimentaria. Por su parte, Juan Carlos Esparza, en “1967-1971 Cuatro años de la juventud mexicana”, presenta una narración donde podemos encontrar el contraste de la juventud de finales de los sesenta y principios de los setenta que se posicionaba políticamente y resistía a la represión, a la par que disfrutaba de expresiones culturales como el rock. En “La adopción del eurocomunismo y el fin de la izquierda socialista en México”, Miguel Ángel Urrego examina la transformación ideológica que experimentó el Partido Comunista Mexicano durante la década de los sesenta, mostrando cómo el abandono del bolcheviquismo y la adopción de una estrategia de apertura democrática y desarrollo nacionalista, terminaron por desaparecerlo al integrarse al PSUM en 1981. Asimismo, Alicia Inés Pérez Rodríguez, en “Cuba y las complejidades del exilio para las militantes de movimientos armados”, a través de la experiencia de Lourdes Uranga López, ex militante del Frente Urbano Zapatista, muestra las contradicciones de la relación entre la izquierda mexicana y la Revolución cubana, destacando que el gobierno de Fidel Castro nunca reconoció a México como un régimen autoritario, por lo que los exiliados que llegaron a la isla, jamás obtuvieron un estatus de refugiados. Por otro lado, Grecia Cristóbal Ramírez, en “El discurso partidario del PCM en la década de los setenta: una crítica desde una visión contrahegemónica”, emplea planteamientos de Rita Segato y Silvia Rivera Cusicanqui para examinar el discurso oculto en el comunismo mexicano de los años setenta, particularmente en torno a la participación política de las mujeres y de los sectores no urbanos. El dossier también retoma una entrevista realizada por nuestro colaborador Rodolfo Uribe a Heberto Castillo en 1987, en la que el entonces candidato presidencial advertía sobre los peligros de sostener una economía dependiente de la explotación petrolera. Finalmente, Luis Cortés Bargalló, con la columna: Qué/¿poesía?, con la cual inicia una serie de tres entregas en las que reflexiona sobre las drogas a partir del diálogo entre científicos y escritores para explorar los límites entre la ciencia y la sabiduría, desde la creación del LSD hasta los conocimientos ancestrales de María Sabina.
En esta entrega de Criba. Historia y Cultura también se incluyen dos artículos de coyuntura. El primero, “Derecha mexicana y Guerra Híbrida: el caso Ricardo Salinas Pliego” de Alejandro Pedraza, ofrece una disertación acerca de la concepción de la derecha, sus formas de organización y el crecimiento que ha experimentado en los últimos años en México, con especial atención a la figura de Ricardo Salinas Pliego. El segundo, “Cómo llegamos al ahora venezolano”, de Esaú López García, hace un seguimiento de Venezuela como país petrolero en el auge de los años setenta y analiza las presiones internacionales y diversas decisiones políticas que condujeron al país a una serie de crisis que desembocan en la situación actual, en la que Nicolás Maduro fue sustraído del territorio, dando inicio a una intervención norteamericana.
Además, contamos con la reseña de dos importantes textos. Ricardo Pozas Horcasitas. Conflictos sociales y legados de la modernidad. Es una valiosa antología de textos de uno de los sociólogos e historiadores contemporáneos más importantes de México, en los que aborda el estudio de los movimientos sociales de los años sesenta. Muy recomendable así mismo para los estudios de nuestra historia social y de la salud en el mundo obrero es Capacitación industrial para la prevención en Fundidora Monterrey (1940-1960), el más reciente libro de Anagricel Camacho Bueno. En la sección De Letras y otras Artes, presentamos la primicia de otro libro muy prometedor, Derelictos –tercera serie–, la nueva obra de Alberto Paredes, quien comparte con nuestros lectores el poema “Umbral”. Finalmente, le damos la más entusiasta bienvenida a la artista Diana Morales Galicia, cuya obra destaca por su originalidad y creatividad. De su exposición La línea habitada, que tuvo lugar del 13 de junio al 11 de julio de 2026, ofrecemos una reseña para acercarnos al disfrute de su trabajo.
[1] González Casanova, Pablo, El Estado y los partidos políticos en México (Ensayos), Ediciones Era, segunda edición, 1982, p. 32.
[2] Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, Indicadores sociodemográficos de México (1930-2000), México, 2001, pp. 1-2
[3] Espinosa Luna, Carolina, “Protestas institucionales en el Instituto Politécnico Nacional (1936-1956)”, en Marco Estrada Saavedra (coord.), Protesta social: tres estudios sobre movimientos sociales en clave de la teoría de los sistemas sociales de Niklas Luhmann, México, El Colegio de México, 2012, pp. 195-270.
[4] Gómez Nashiki, Antonio. El movimiento estudiantil y la violencia institucional. La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 1956-1966. RMIE [online]. 2007, vol.12, n.35 [citado 2026-07-23], pp.1179-1208. Disponible en: <http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1405-66662007000401179&lng=es&nrm=iso>. ISSN 1405-6666.
[5] Azcue Bilbao Karmele. El movimiento estudiantil poblano 1952-1957: entrevista con Francisco Arellano Ocampo, Nueva República, 1992.
[6] Ver Aurora Loyo Brambila, El movimiento magisterial de 1958 en México, Ed. ERA Colección problemas de México, México, 1979.
[7]Anagricel Camacho Bueno, “Industria minero-metalúrgica, México: 1934-1970. Auge y Declive de la protección de la salud y seguridad social”. Tesis de Doctorado en Historia, UNAM, 2025, pp.104-117.
Victoria Tapia Ruíz
Coordinadora del dossier
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Criba. Historia y Cultura, Año 2026 (julio - septiembre), edición trimestral de distribución exclusivamente digital de publicación continua, editada por Galería de las Artes Café, Plaza San Jacinto #16, Col. San Ángel 01000, Alvaro Obregón, Ciudad de México. Página electrónica de la revista: https://www.cribahistoriaycultura.com/ ; correo electrónico: contacto@cribahistoriaycultura.com, editor responsable: Javier Torres Parés; diseño y actualización: Miguel Bello. Reserva de Derechos al uso exclusivo núm. 04-2026-031714530500-102 (publicaciones periódicas), otorgado por el INDAUTOR. ISSN: 3122-4660, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor.
Fecha de última modificación: 27 de julio de 2026
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